Mirando hacia el Brasil

Ricardo Sarasty

Siendo la tierra grande y redonda para un sector de los colombianos parecía existir, hace tres años, solo el lado que obliga a ver hacia Venezuela. Igual a una mamá regañona, los interesados en mantenerse dentro del club especial de los que gobiernan ponían como ejemplo de las consecuencias de portarse mal y de andar junto a malas amistades al pueblo venezolano, víctima a simple vista, de haber tomado la decisión errada en el momento de elegir un gobernante. Hasta hace tres años el coco fue el conglomerado social de Venezuela en conjunto con sus penurias y no Maduro su presidente. Quizá como estrategia electoral requerida para el momento cuando se necesitaba ver al diablo acá dentro, en tales circunstancias se estima más provechoso hablar solo del infierno.

Tres años después así, sin querer queriendo, tratan de que volvamos los ojos hacia donde está Brasil, pero ya no con la intención de mostrar la imagen aproximada de lo que puede ser el reino de satanás, si no la más parecida a la tierra prometida. Pues si su gobernante es militar además de pastor de una de las tantas iglesias que funcionan como empresas allá y aquí, se debe de suponer que Brasil es lo más próximo a la tierra prometida. Claro esto según aquellos que ven en un gobernante del cuño como el de Bolsonaro al líder capaz de llevar a su rebaño al mejor pastizal, lo que llamo Hobbes el leviatán. Solo que todo cuanto ha sucedido y sucede en ese país desde cuando Bolsonaro con su familia lo gobiernan no ayuda a evitar que se vea lo oscuro y escabroso del régimen, por más que se quiera mostrar lo bueno de ese capitalismo depredador, como quieren que sea los mismo que insistían hace cuatro años que se viera en Venezuela lo peor.

Allá la gente pobre, que cada día suma más, volvió a comprar huesos para sazonar el agua porque el alto costo de la carne la convirtió en inasequible, contando con que los ganaderos del Brasil son los mayores exportadores de carne en canal y de pie, para serlo han acabado con miles de hectáreas adentro de la selva amazónica. No obstante, mientras juega su selección la tasa del desempleo se pone por encima del 14% de, lo que se traducen en más de 19 millones de brasileños aguantando hambre. Ahora muchos de los que vivieron el milagro brasilero se preguntan por las causas que llevaron a que se diera tal estruendosa caída.

En lo que sí están de acuerdo todos los estudiosos del fenómeno es que no tiene origen en los gobiernos del partido de los trabajadores. Todos señalan el comienzo de la debacle desde cuando se convirtió a Lula Da Silva y su equipo de gobierno en objetivo de la fiscalía, con el propósito de sacarlo del poder para que sus enemigos se hagan al gobierno del país más grande de Sur América. Esos corruptos que entonces levantaron las banderas de la moralidad liderados por el hoy presidente.

A quien se acusa últimamente de genocidio. Este señalamiento se da con base a un informe presentado ante el senado, según el cual es responsable por la muerte de más de 600.000 brasileños, durante la crisis más dura de la pandemia, al no haber actuado con políticas de salud pública con el fin de salvaguardar la vida de toda la población, pues todos dentro y fuera del país recuerdan que calificó al Covid-19 como una simple gripita. No obstante, cuando se dio a conocer la existencia de las vacunas, él con su séquito de gobierno vieron la oportunidad de adquirirlas para lucrarse cínicamente. Pero evitaron que acabáramos como venezolanos, para ahora desear que suframos, pero bendecidos por Bolsonaro.

POR: RICARDO SARASTY

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