Miguel Hernández

Así parece que va a ser desde hoy hasta el 29 de mayo cuando se sepa quién es el nuevo inquilino del Palacio de Nariño. Según las encuestas las que van registrando las intenciones de voto hay en preferencias y otras desaprobaciones que a última hora llaman la atención del votante, claro que no todo es pan de gloria. Unas encuestas de algunas entidades autorizadas para hacerlas dan el veredicto no tan perfecto que digamos.

A mi parecer esta cuenta electoral se ha convertido en un dolor de cabeza, cuando a la hora de definir por quién votar entre varios amigos, colegas y simpatizantes, todos salen en discusiones, pero afortunadamente las diferencias ninguna toma colores tradicionales, al contrario, el odio está en la polarización en la que está sumido el país a la hora de elegir por quién votar, todos sacan sus propias conclusiones entre personajes.

Todo esto se ha convertido en una lucha de poderes y a decir verdad la ventaja la tiene el dueño de la maquinaria política, que no quiere que se la arrebaten de sus manos y ha dado la batalla hasta con dientes y con todo lo que encuentre a su paso por defenderla.

Lo mismo pasa del otro bando que en una histórica batalla de poderes y de partido ha llegado hasta el umbral soñado y que no quiere que se la quiten por nada del mundo.

Ningún candidato de izquierda ha llegado hasta esas instancias de pasar hacia adentro del Palacio de Nariño, los otros perdieron al ser asesinados aún apenas intentándolo hacer, o sea perfilándose para candidato presidencial y de allí pare de contar.

No fue un candidato, fueron varios los que no tumbó las urnas, fueron las balas de la oposición que cree dueño del poder político y así lo ha demostrado por años y años en todas las contiendas políticas.

En conclusión, así está demostrado los odios entre simpatizantes de los partidos políticos que han surgido en los últimos 40 años en las grandes ligas de la política colombiana, unos por sostenerse a capa y espada sin importar quién esté de por medio y los otros que han dado la lucha para estar donde han llegado y quieren más a como dé lugar, como diciendo yo también tengo derecho a gobernar y están allí con pisadas muy grandes como para quedarse.

Afortunadamente ya faltan escasos nueve días para que se acabe esta pesadilla y volvamos a la realidad normal, de la arena, lona, faena diaria para seguir toreándole a la vida, luchando por un plato de sopa, con la satisfacción de haber tenido amigos que por la política fueron enemigos, que al paso del tiempo electoral volveremos a ser lo que siempre fuimos: amigos de siempre y para siempre.

Los odios políticos quedarán atrás y a seguir batallando en esta difícil tarea de la vida diaria.

Por: MIGUEL HERNÁNDEZ

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