Nuestra infancia callejera
Emilio Coral Ojeda

Nuestra infancia callejera habita en las rendijas de nuestros días, se forma fuerte, capaz de luchar contra la pobreza de cada día, les abunda la miseria y le es tan lejano un abrazo, un afectuoso juego con sus papás y mamás, alguna palabra de motivación, reconocimiento y estímulo.

Nuestra infancia callejera habita en las piezas de inquilinato de las viejas casonas de tapia y teja, con un solo servicio higiénico y un exclusivo baño para las muchas familias que cocinan, duermen, secan la ropa, aman y desaman, en cada habitación, con el mismo lavadero de ropa para todos los habitantes de la enorme casa, por lo que es común y corriente el insultarse para tener acceso rápido a bañarse, orinar, lavar, o avisparse para llegar primero que los demás.

Nuestra infancia callejera tiene que acostumbrarse al café negro con panela y con pan, cuando acompaña al día la dicha de alguna platica de más. Como almuerzo hay un plato de sopa con las dos o tres infaltables papas. La cama es un colchón grande de paja donde duermen todos los de la familia, unos a la cabecera y otros al pie, entre los cansancios del diario rebusque, las ilusiones rotas, los bolsillos vacíos y las esperanzas renovadas por haber logrado sobrevivir el día de hoy.

Nuestra Infancia callejera ha tenido que cambiar a sus escuelas por las calles, las madrugadas no son para ir a estudiar sino para meterle duro al reciclaje, sus manos no abren los cuadernos ni cogen algún lapicero para escribir, sino que rompen las bolsas negras de la basura en busca de papel, cartón, botellas, plástico e incluso pedazos de vidrios, mientras el carro de la basura va y viene por entre las calles de la ciudad de San Juan de Pasto.

Nuestra Infancia callejera no sabe que es más duro, si el pavimento de las calles o la insolidaridad ciudadana, ni que duele más: si los agravios e insultos de cada día en sus grupos familiares o el temor y el ser mal mirado por parte de las personas que la considera un peligro y una amenaza por el hecho de estar vestida con la pobreza y llevar en su mirada el sabor de las injusticias sociales de la patria colombiana.

Nuestra infancia callejera hace de cada día una aventura donde hay que ser valiente e inteligente para aprovechar las oportunidades de conseguir el luchado pan de cada día.

Nuestra infancia callejera sale en estos tiempos navideños a las calles, a veces acompañados a su papás o mamás, en el rebusque de cada día; otras veces siendo alquilada por su propia familia para que otras personas bandidas la utilicen para pedir limosna, inspirado lástima y en otras ocasiones hacen parte de la población migrante venezolana que sobrevive cada día como mejor puede.

Nuestra Infancia callejera es la Colombia Niña y el País Niño con el pleno derecho a al menos unas mínimas condiciones de dignidad para sus vidas.

POR: EMILIO CORAL OJEDA

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Horóscopo

Publicado2022-08-11

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