“Había una vez un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era.

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?

No lo escuches, exigía el rosal, es más sencillo tener rosas y ¿Ves qué bellas son?