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Miércoles, Noviembre 28, 2012 - 12:12

La visita de la ministra de Transporte, Cecilia Álvarez, fue esperada con mucha expectativa entre todos los estamentos nariñenses. Al fin y al cabo, había temas muy importantes para hablar con ella. Se tenía ideas, iniciativas por plantear, exigencias por hacer, peticiones especiales por expresar y, en especial, había un tema que significaba, de ser resuelto favorablemente, salvar el más importante proyecto vial iniciado en las últimas décadas en nuestra región: la concesión Rumichca-Pasto-Aeropuerto.

Esa es la principal razón por la que se llenaron los dos salones dispuestos en el Hotel Morasurco para albergar a los funcionarios departamentales y municipales, alcaldes, concejales, diputados, dirigentes gremiales, delegaciones como la desplazada por el municipio de Chachagui y, por supuesto, por los miembros del Comité de Veeduría de la obra entregada en concesión, que encabezados por su presidente Carlos Chaves Mora y por su consultor de cabecera, el ex ministro de Obras Ernesto Velásquez Salazar, habían llegado allí en procura de respuestas claras que determinaran el futuro de esa obra.

Por eso había un motivo para agradecer la citación hecha a la ministra por parte de los congresistas nariñenses integrantes de la Comisión Segunda del Senado, a fin de exponer ante ella la problemática y las expectativas que en materia de infraestructura vial tiene la región. La misma que sirvió –hay que reconocerlo-, para que la funcionaria conociera el vergonzoso trayecto de la Panamericana entre Caracha y el monumento al campesino y también la vergüenza de vía que tenemos en la salida al Putumayo, asumiendo con ello compromisos de importancia.

Cuando los asistentes al recinto  escucharon  por escasos cinco minutos a Cecilia Álvarez, suficientes para que asumiera algunos compromisos sobre temas que le habían sido planteados, no pocos pudieron evitar una cierta comparación de su estilo de ir tomando decisiones y asumiendo compromisos con el que exhibió durante ocho años su paisano Álvaro Uribe. Entonces se pensó que esa característica era ideal para escucharla cómo su cartera estaba afrontando e iba a seguir asumiendo el problema que había surgido con el vencimiento de términos en que el contratista de la obra incurrió desde el pasado 16 de noviembre, cuando debió entregar la totalidad de los trabajos.

Lo que no imaginaban los miembros del Comité de Veeduría es que para cuando ellos terminaran la mesa de trabajo a la que fueron invitados a conformar junto con el presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura y el Superintendente de Transporte, ya la ministra no iba a estar donde la dejaron, sino que estaría tal vez ya llegando al aeropuerto Antonio Nariño.

Una vez más, como nos ha ocurrido unas cuantas oportunidades anteriores, este tipo de sesiones convocadas por comisiones ya sea del Senado o de la Cámara de Representantes, por bien intencionadas que sean en procura de prestarle un servicio a la región, se convierten en una tribuna que cada uno utiliza para lograr aplausos y reconocimientos políticos por la gestión realizada. 

Nosotros pensamos que, por supuesto, quienes hacen las cosas bien, tienen derecho a la retribución representada en un crecimiento de su imagen personal y política. Sin embargo, todo debe tener su momento justo, oportuno, para no sacrificar como sucedió el lunes pasado la satisfacción de expectativas tan importantes como la de saber qué va a pasar con nuestro gran proyecto vial.

Así las cosas, a pesar que la moderadora de la sesión, la senadora Myriam Paredes Aguirre advirtió con claridad que a las tres en punto de la tarde, la sesión empezó pasadas las 12 del día,  la ministra saldría rauda hacia el aeropuerto, quienes le antecedieron en la palabra se emocionaron con sus intervenciones hasta el punto que no dieron lugar a que se cumpla el objetivo central de la citación, cual era escuchar a la titular del Transporte en Colombia diciéndonos cuál era su concepto sobre el gran tema  y qué decisiones estaba adoptando su despacho para desenredar jurídicamente la circunstancia que está planteada.
Algún día tendremos que aprender a priorizar las cosas. Cuando de exigirle obras al Gobierno se trata, siempre nos aparecemos con largas listas de peticiones que parecen listas de útiles escolares, terminan por quitar peso a aquellas obras de impacto que requerimos, creyendo ingenuamente que es posible que, de una sola vez, se pueden lograr todas las reivindicaciones regionales no satisfechas durante muchas décadas. Y cuando de hacer uso de la palabra, como volvió a ocurrir una vez más, hay quienes consideran más importante hablar largamente de lo que ya consiguieron, cuando lo esencial es aprovechar la ocasión servida de conseguir más y mejores beneficios para todos.

Por eso, lamentablemente, nos quedamos sin escuchar a la señora ministra del Transporte sobre qué cuál será el futuro de la concesión vial Rumichaca-Aeropuerto, preguntarle si Devinar puede continuar pero en qué condiciones, si aún es posible una conciliación, qué avances se han tenido en el tribunal de arbitramento, si se harán o no las obras complementarias que permitan mejorar las especificaciones de la obra y, en especial, si el Gobierno tiene la voluntad política de construir la doble calzada Rumichaca-Santander de Quilichao. Y para quienes no querían hablar sólo de ese tema, estaba el asunto de la parálisis en los trabajos de la vía a Mocoa, el futuro del puerto de Tumaco, etc. Ojalá algún día aprendamos a aprovechar mejor las oportunidades.

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