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Miércoles, Agosto 16, 2017 - 15:07

El tan esperado posconflicto que por momentos lo poníamos en duda que llegue, abre sus puertas desde hoy con la salida del último contenedor con el armamento que dejaron los excombatientes en manos de las Naciones Unidas y el fin de las zonas veredales que se transforman en los nuevos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, en donde los excombatientes harán su proceso de tránsito hacia la vida civil.

Este proceso con todos los tropiezos que ha tenido a lo largo de 4 años y los bombardeos de los enemigos, se constituye en un ejemplo y modelo para el mundo, porque dejan de existir las Fuerzas Revolucionarias de Colombia, Farc, después de 53 años de guerrear con la institucionalidad y de ser el grupo armado de mayor beligerancia y el más grande y antiguo de Latinoamérica.

Los diálogos comenzaron el pasado 18 de octubre de 2012 en Oslo, Noruega, y el 19 de noviembre de 2012 las delegaciones del Gobierno colombiano y las Farc llegaron a La Habana, Cuba, para dar apertura a la mesa de negociación, teniendo como punto de partida el desarrollo agrario integral.

Fueron 2 años de acercamientos exploratorios para llegar a Cuba, país garante junto a Noruega, sobre la base de una agenda centrada en otros cuatro pilares: garantías para el ejercicio de la participación política, el fin de la lucha armada, solución al problema de las drogas ilícitas y las víctimas. Bajo la mirada del mundo entero el 26 de septiembre de 2016 el presidente Santos y ‘Timochenko’, máximo líder de las Farc, firmaron el Acuerdo de Paz, algo impensable para los colombianos ante el fracaso de los anteriores gobiernos.

Pero la prueba de fuego de este acuerdo fue el plebiscito del 2 de octubre del año anterior, cuando inesperadamente Colombia, en una de las votaciones más trascendentales en su historia, dijo 'No' por la paz. Después de 41 días de la derrota del 'Sí' en el plebiscito por la paz, el Gobierno y las Farc anunciaron -desde La Habana, Cuba- un nuevo acuerdo de paz, con 60 modificaciones y precisiones. El 24 de noviembre nuevamente Santos y ‘Timochenko’ firmaron en el teatro Colón de Bogotá el pacto de paz definitivo para acabar con medio siglo de confrontación.

El 31 de enero comenzó el Día D y las Farc empiezan a concentrarse en 23 zonas veredales en donde correrán 180 días para que se dé el proceso de desarme bajo la vigilancia de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, que se cumplió a cabalidad. En Nariño se establecieron dos, en Tumaco, La Playa y en Policarpa, La Paloma. El siguiente salto será el próximo mes y cuando llegue el papa Francisco las Farc ya estarán integradas como partido político.

Todos esos pasos han estado llenos de dificultades porque el proceso de paz entró en un momento de campaña política para las elecciones de Congreso y las presidenciales y los partidos enfilan su ‘artillería’. 

Uno de los puntos que se ha tomado como vulnerable ha sido el proceso con las Farc, incluso con advertencias de un sector que al llegar al poder echaría al piso los acuerdos.

Pero mientras el proceso de paz objetivo de un rifirrafe en el centro del país, en las regiones, sobre todo como Nariño, Putumayo y Cauca, las más golpeadas por el conflicto armado, son las comunidades las que celebran este momento, porque el sacar a las Farc de la guerra significa la posibilidad de volver a comenzar y trazar un futuro digno para las sociedades.

Están al frente de este horizonte el Eln, que está sentado en la mesa de diálogo en Quito con el Gobierno y que es probable declaren el cese al fuego bilateral antes de la llegada del Papa, y quedan como la mayor amenaza los grupos armados ilegales, entre estos disidentes de las Farc. Pero el compromiso del Gobierno y su Fuerza Pública es combatirlos hasta las últimas consecuencias. La paz aún no la alcanzamos, pero lo importante es que comenzamos el camino.

El tan esperado posconflicto que por momentos lo poníamos en duda que llegue, abre sus puertas desde hoy con la salida del último contenedor con el armamento que dejaron los excombatientes en manos de las Naciones Unidas y el fin de las zonas veredales que se transforman en los nuevos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, en donde los excombatientes harán su proceso de tránsito hacia la vida civil.

Este proceso con todos los tropiezos que ha tenido a lo largo de 4 años y los bombardeos de los enemigos, se constituye en un ejemplo y modelo para el mundo, porque dejan de existir las Fuerzas Revolucionarias de Colombia, Farc, después de 53 años de guerrear con la institucionalidad y de ser el grupo armado de mayor beligerancia y el más grande y antiguo de Latinoamérica.

Los diálogos comenzaron el pasado 18 de octubre de 2012 en Oslo, Noruega, y el 19 de noviembre de 2012 las delegaciones del Gobierno colombiano y las Farc llegaron a La Habana, Cuba, para dar apertura a la mesa de negociación, teniendo como punto de partida el desarrollo agrario integral.

Fueron 2 años de acercamientos exploratorios para llegar a Cuba, país garante junto a Noruega, sobre la base de una agenda centrada en otros cuatro pilares: garantías para el ejercicio de la participación política, el fin de la lucha armada, solución al problema de las drogas ilícitas y las víctimas. Bajo la mirada del mundo entero el 26 de septiembre de 2016 el presidente Santos y ‘Timochenko’, máximo líder de las Farc, firmaron el Acuerdo de Paz, algo impensable para los colombianos ante el fracaso de los anteriores gobiernos.

Pero la prueba de fuego de este acuerdo fue el plebiscito del 2 de octubre del año anterior, cuando inesperadamente Colombia, en una de las votaciones más trascendentales en su historia, dijo 'No' por la paz. Después de 41 días de la derrota del 'Sí' en el plebiscito por la paz, el Gobierno y las Farc anunciaron -desde La Habana, Cuba- un nuevo acuerdo de paz, con 60 modificaciones y precisiones. El 24 de noviembre nuevamente Santos y ‘Timochenko’ firmaron en el teatro Colón de Bogotá el pacto de paz definitivo para acabar con medio siglo de confrontación.

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Pero mientras el proceso de paz objetivo de un rifirrafe en el centro del país, en las regiones, sobre todo como Nariño, Putumayo y Cauca, las más golpeadas por el conflicto armado, son las comunidades las que celebran este momento, porque el sacar a las Farc de la guerra significa la posibilidad de volver a comenzar y trazar un futuro digno para las sociedades.

Están al frente de este horizonte el Eln, que está sentado en la mesa de diálogo en Quito con el Gobierno y que es probable declaren el cese al fuego bilateral antes de la llegada del Papa, y quedan como la mayor amenaza los grupos armados ilegales, entre estos disidentes de las Farc. Pero el compromiso del Gobierno y su Fuerza Pública es combatirlos hasta las últimas consecuencias. La paz aún no la alcanzamos, pero lo importante es que comenzamos el camino.

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