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Martes, Agosto 15, 2017 - 15:27

Ver lo que otros no pueden ver, romper paradigmas y atreverse a hacer cosas diferentes. Estas fueron algunas de las frases que desde que asistí a una clase de Competencias Gerenciales  no han dejado de retumbar en mi cabeza.

La verdad es que resulta curioso, por decir lo menos, que en 2015 mientras el director Germán Mejía de la firma de consultoría en análisis y competitividad Bmlab Latam revelaba que después de Suecia, México y Noruega, Colombia es el cuarto país del mundo con la actitud positiva más elevada hacia el emprendimiento, el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario anunciaba al tiempo que en nuestro país se registra una alta informalidad laboral que alcanza el 70% en el área urbana y 88% en la rural.

Pero eso no fue todo. Mejía dijo en aquella ocasión que el mayor potencial de emprendimiento en Colombia está en la población menor a 35 años, con un 83%, seguido por personas entre 35 y 49 años, con un 80%, y con un 63% los empresarios mayores a 50 años.

A manera de contraste, el informe de la Universidad del Rosario agrega que 70% de la población ocupada no tiene cobertura pensional y del 30 % que está cotizando para pensión, solo un 10 % se va a jubilar por vejez.

Esto demuestra, por una parte, que en nuestro país es innegable que actualmente es más amplia y significativa la cultura del emprendimiento, pero a la vez el desempleo o la posibilidad de acceder a trabajos estables y bien remunerados es uno de los más graves problemas que afronta el grueso de la población.

Sería a penas lógico pensar que ese creciente deseo de crear y establecer empresa no sólo obedece al espíritu pujante y emprendedor que caracteriza a los colombianos, sino que es producto de un panorama crítico en materia de trabajo.

Es evidente que este es un tema estrechamente ligado a la educación y la cultura. Mientras  a muchos les enseñan a ser buenos trabajadores, a encontrar un empleo estable, los emprendedores sienten que su lugar en el mundo es otro diametralmente opuesto: haciendo empresa y conquistando mercados sin límite.

¿Pero si el empleo escasea o si el que tengo no me hace feliz y no cumple con mis expectativas de progreso, por qué no me convierto en un emprendedor?. Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar, dice el escritor Paulo Coelho. 

Recientemente un amigo me envió una imagen con una frase que no he podido olvidar: ¿ Cuánta vida te está costando tu sueldo?. Por eso no está demás reflexionar si lo que estamos haciendo hoy realmente nos conduce hacia lo que queremos lograr mañana, y lo más importante, si en verdad no hace felices. 

Ver lo que otros no pueden ver, romper paradigmas y atreverse a hacer cosas diferentes. Estas fueron algunas de las frases que desde que asistí a una clase de Competencias Gerenciales  no han dejado de retumbar en mi cabeza.

La verdad es que resulta curioso, por decir lo menos, que en 2015 mientras el director Germán Mejía de la firma de consultoría en análisis y competitividad Bmlab Latam revelaba que después de Suecia, México y Noruega, Colombia es el cuarto país del mundo con la actitud positiva más elevada hacia el emprendimiento, el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario anunciaba al tiempo que en nuestro país se registra una alta informalidad laboral que alcanza el 70% en el área urbana y 88% en la rural.

Pero eso no fue todo. Mejía dijo en aquella ocasión que el mayor potencial de emprendimiento en Colombia está en la población menor a 35 años, con un 83%, seguido por personas entre 35 y 49 años, con un 80%, y con un 63% los empresarios mayores a 50 años.

A manera de contraste, el informe de la Universidad del Rosario agrega que 70% de la población ocupada no tiene cobertura pensional y del 30 % que está cotizando para pensión, solo un 10 % se va a jubilar por vejez.

Esto demuestra, por una parte, que en nuestro país es innegable que actualmente es más amplia y significativa la cultura del emprendimiento, pero a la vez el desempleo o la posibilidad de acceder a trabajos estables y bien remunerados es uno de los más graves problemas que afronta el grueso de la población.

Sería a penas lógico pensar que ese creciente deseo de crear y establecer empresa no sólo obedece al espíritu pujante y emprendedor que caracteriza a los colombianos, sino que es producto de un panorama crítico en materia de trabajo.

Es evidente que este es un tema estrechamente ligado a la educación y la cultura. Mientras  a muchos les enseñan a ser buenos trabajadores, a encontrar un empleo estable, los emprendedores sienten que su lugar en el mundo es otro diametralmente opuesto: haciendo empresa y conquistando mercados sin límite.

¿Pero si el empleo escasea o si el que tengo no me hace feliz y no cumple con mis expectativas de progreso, por qué no me convierto en un emprendedor?. Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar, dice el escritor Paulo Coelho. 

Recientemente un amigo me envió una imagen con una frase que no he podido olvidar: ¿ Cuánta vida te está costando tu sueldo?. Por eso no está demás reflexionar si lo que estamos haciendo hoy realmente nos conduce hacia lo que queremos lograr mañana, y lo más importante, si en verdad no hace felices. 

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