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Sábado, Enero 18, 2020 - 17:36

Arauca es un departamento al oriente de Colombia. Es hogar de los llaneros, un grupo de personas que se caracterizan por su relación con la ganadería, los ríos y el horizonte que se extiende infinito entre campos verdes. Es, también, un territorio que ha sufrido inmensas transformaciones en los últimos años: la ley de regalías afectó su economía, fuertemente vinculada al petróleo; una epidemia de aftosa minó su ganadería, uno de sus emblemas departamentales; y la actual crisis migratoria venezolana cambió las dinámicas históricas que habían tenido con el vecino país.

Así, y como comenta Brayan Giraldo, administrador de la agencia operadora de turismo Anvitur, parte de la red de turismo comunitario Turedco, Arauca se vio en la necesidad de reinventarse. “Una de las formas fue a través del turismo, de todo ese potencial que tenemos y que el mundo no ha visto porque nos tienen encerrados en un cliché de inseguridad, atraso y pobreza”, dice.

A través de un trabajo en conjunto entre Anvitur, Turedco, la Fundación Creata y el Programa Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA, se comenzó a trabajar sobre cómo potenciar el turismo del departamento para crear otros relatos a través de ‘Arauca, una experiencia única’. Este proyecto es un grupo de planes turísticos para conocer a profundidad el territorio.

Está la Ruta del Cacao, la cual da a conocer el potencial del departamento (el segundo productor nacional de este fruto) y los procesos relacionados con el cacao en la Finca Villa Gaby y en la Finca Astilleros de Kakaua, ambas en el municipio de Arauquita; está la experiencia del trabajo del llano en la Finca Campo Alegre, donde se puede ser llanero por un día, conocer los proceso ganaderos y disfrutar los cantos de vaquería, declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco; está el Arauca Birding, una salida de avistamiento de aves que aprovecha las más de 470 especies que hay en el territorio; y la Barcaza, un recorrido por el río Arauca en una embarcación de dos pisos para disfrutar la fauna y la flora, incluyendo las toninas o delfines rosados.

Sin embargo, al igual que pasó con el cambio de la ley de regalías y la crisis de la aftosa, la situación social, política y económica en Venezuela ha hecho que el guion de los paquetes turísticos cambie y se adapte. “Es imposible hablar de la llaneridad e impulsarnos a través de nuestra cultura sin mencionar que esto que somos los araucanos es posible porque, al otro lado del río, está Venezuela”, dice Luis Peraza, embajador para la reconciliación de USAID y ACDI/VOCA y presidente de Turedco. Como dice él, Arauca hace parte de los Llanos Orientales colombianos, mientras que el vecino estado de Apure es un trozo de los Llanos Occidentales venezolanos. Piezas de un gran rompecabezas que, aunque de distintas naciones, arman un conjunto cultural centenario que los une más que los separa.

De este modo, los visitantes a Arauca no solo aprenden del departamento, sino de esa historia de encuentros, lazos y solidaridad que une al departamento con Venezuela. “Uno aquí creció con programas de allá, aprendía el himno venezolano y tenía familiares del otro lado del río. Por eso nos duele que la gente en el resto del país hable mal de los migrantes, porque en un momento fuimos nosotros los que estábamos allá”, dice Olga Giraldo, dueña de la operadora turística Anvitur. Por eso, este proyecto, además de su cambio en el guion, ha abierto cursos de formación en turismo araucano, abiertos a todas las personas sin importar su nacionalidad. Una iniciativa que busca dotar de habilidades, conocimientos y herramientas turísticas a posibles promotores de turismo en Arauca. Varios ciudadanos venezolanos han participado de esta iniciativa.

“Esto nos permite, no solo contar la historia de nuestros territorios, bien sean Arauca o Apure, sino integrar a los venezolanos que bien podrían ser primos o hermanos nuestros, porque así sucede: cada familia araucana es un poco apureña y cada familia apureña es un poco araucana”, comenta Nancy Santos, representante de la Fundación Creata en Arauca.

Pero los beneficios son también indirectos para la población migrante. Ese es el caso Josbely Delgado, oriunda de Venezuela y quien llegó a Colombia atravesando el Puente Internacional José Antonio Páez hace dos años y medio. No sabía muy bien qué iba a hacer en un nuevo territorio desconocido, en un país que no era el suyo, rodeada de personas que no la conocían. Así que decidió hacer lo que más sabía: cocinar hallacas, empanadas y arepas venezolanas.

“Y así fue como mi puestico de comida se fue convirtiendo, poco a poco, en parte importante de los paquetes turísticos. Porque, cerca de La Barcaza, a la vera del río Arauca, la gente pasa y me compra y conoce un poquito de la comida venezolana mientras aprende del turismo araucano”, dice Delgado.

Aún falta mucho por hacer en materia de turismo colombovenezolano. Es una realidad que el turismo del departamento tiene claro. Sin embargo, como opina Brayan Giraldo, “esta crisis se nos ha convertido en una oportunidad de mejorar y expandir, más allá de las fronteras, nuestro portafolio de servicios. Estamos aprendiendo en la marcha, pero ya sabemos que lo que digamos y hagamos no será jamás lo mismo que antes, porque nuestro guion cambió. Cuando navegamos por el río, ¿de qué país es? De ninguno. En ambas orillas hay un poquito de nosotros: en la orilla colombiana y en la venezolana. Eso queremos que la gente entienda cuando venga al llano: que es así de gigante porque es infinito, sin fronteras”.

 

Con información de colombiasinfronteras.com

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