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Editorial Diario del sur

Jueves, Junio 13, 2013 - 08:35

La Iglesia católica no deja de escandalizar al mundo, ahora por las declaraciones del propio papa Francisco, quien aceptó que la Curia Romana (el gobierno central de esta institución), está corroída por la corrupción y que existe un influyente ‘lobby gay’ en el Vaticano, encarnado en un sistema de chantajes internos basados en debilidades sexuales, lo cual genera una profunda indignación entre los creyentes que en muchos casos se confunden y se encuentran en un camino de incertidumbres.

Son permanentes los casos de sacerdotes involucrados en situaciones graves de pederastia, homicidios, violación a los votos de castidad porque se les comprueba que tienen mujeres e hijos o irregularidades en el manejo de los recursos de la Iglesia. Cuando aún estamos atónitos por un escándalo brota otro y otro más.

La semana anterior resurgía la rabia en el país por el aberrante caso del sacerdote José Francey Díaz, quien fue condenado a 45 años y 10 meses de prisión por el asesinato de su compañera sentimental y la niña de la que era padre, más aún con la frialdad que relata el crimen cometido en el 2007. La mujer y la niña fueron asesinadas a garrote en el domicilio parroquial de Díaz, quien trasladó los cadáveres a una zona rural entre Belén de Umbría, localidad de Risaralda, y Anserma, en donde les prendió fuego.

En julio de 2010 un juez de Belén de Umbría condenó a la Iglesia católica de Colombia a pagar una indemnización que en ese entonces equivalía a 318.000 dólares por esos asesinatos.

En el departamento de Nariño el último hecho relacionado con integrantes de la Iglesia católica se produjo en el municipio de Samaniego, de donde tuvo que salir prácticamente volado el cura párroco Serafín Bastidas, según él por amenazas de muerte que le profirió un hombre que llegó a la parroquia y con arma en mano le dio 24 horas para salir de esta población del suroriente de Nariño.

Sin embargo, entre la comunidad se rumora que las presuntas intimidaciones y la salida del religioso tienen su explicación porque Bastidas nunca rindió informe o cuentas de los dineros recolectados (al parecer 50 millones de pesos) en un bingo pro mejoras del piso del templo en la localidad.

En medio de las difíciles condiciones del país y el surgimiento de iglesias y sectas de garaje, la comunidad católica comienza a fracturarse cada vez más porque en muchos casos los feligreses pierden la fe y deciden abandonar la religión con la que nacieron y crecieron, y a la que le guardaron el más profundo respeto, sobre todo en regiones como el departamento de Nariño, en donde tenemos una enraizada tradición religiosa.

Los escándalos han sido tantos y tan execrables que hasta se ha perdido la capacidad de asombro, y lo más delicado es que ese concepto de generalizar y satanizar a todos los representantes de la Iglesia se hace cada día más contundente.

Frente a esta crisis el papa Francisco ha tenido la valentía de agarrar el ‘toro por los cachos’ y hacer públicas esas aberraciones cometidas desde cardenales para abajo, porque al decir que existe un ‘lobby gay’ se entiende que los casos no son aislados y que la corrupción carcome al Vaticano.

Al reconocer que junto a él, el centro de la Iglesia católica, está la ‘olla podrida’ se ven venir, para fortuna de los católicos, cambios que pueden ser severos, pero que son obligatorios para impedir que desaparezca esta institución con unos 1.300 millones de seguidores, que la constituyen en la más grande del planeta, pero que en los últimos años ha perdido a 32 millones de fieles.

El pontífice tendría que abordar lo referente al celibato, porque según analistas la Iglesia debe permitir que los sacerdotes tengan su pareja y puedan ejercer una vida normal como hombres que son, pero al servicio de Dios y la comunidad.

 

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