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Editorial

Miércoles, Enero 15, 2014 - 08:23

Las Juntas de Acción Comunal se constituyen en el medio de interlocución más eficaz entre las comunidades y las autoridades, en una organización de base que permite una viva participación de la ciudadanía en la vida de las ciudades, porque a través de este papel de liderazgo se posibilitan obras sociales y de infraestructura, básicas para la transformación de los barrio y comunas. Sin embargo, en el caso de ciudades como Pasto estos organismos son centro de crítica no sólo al considerarse inoperantes, sino de comodines de los políticos durante las épocas de campaña electoral como la del momento.

En Colombia, la acción comunal fue institucionalizada mediante la Ley 19 de 1958, pero es con la Constitución de 1991 que en realidad las denominadas JAC adquieren ese papel de activa participación. En regiones como la capital nariñense su liderazgo se ve reflejado en un desarrollo social importante, pero ese rol con el tiempo fue permeado por la politiquería y tentado por la corrupción.

En la mencionada ley que les da vida a las JAC se advierte que el Gobierno “fomentará por los sistemas que juzgue más aconsejables y de acuerdo con las autoridades departamentales y municipales, la cooperación de los vecinos de cada municipio para construir carreteras, puentes y caminos vecinales, viviendas, mejorar escuelas, administrar aguas, entre otras tareas voluntarias en obras de infraestructura y prestación de servicios”. Esa herramienta que se le da a la comunidad resulta efectiva en los municipios, especialmente en las zonas rurales en donde a los dirigentes aún los mueve la buena voluntad, la honestidad y los deseos de sacar adelante a sus comunidades.

Este año se cumplen 55 años de la implementación de estas instituciones de base, cuando se tiene que hacer una evaluación de si en verdad se desempeña un papel adecuado y de cómo volver a reconducirlas por el camino del deber ser, de la filosofía que hizo posible su puesta en marcha para el beneficio de la comunidad.

No se puede negar que existe un trabajo fuerte de la organización que las rige en el orden nacional. Pasto ha sido sede de los congresos nacionales que reúnen a delegados de todo el país, en donde se ha discutido la normatividad interna, los mecanismos legales y el trámite de proyectos como la reciente gestión que trata de lograr la remuneración de los ediles, pues el engranaje de las JAC y las Juntas Administradoras Locales, JAL, es ad honorem, lo cual ven como un impedimento para que quienes asumen el liderazgo y representación de las comunidades puedan ejercerlo de tiempo completo.

Más que leyes o medidas para transformar las JAC, se necesita reorientar el trabajo de los dirigentes en el sentido de que quien se postule para hacer parte de este organismo, lo haga sin criterio político o de buscar intereses personales, sino simplemente por hacer un aporte a su sector y a la comunidad que deposita su confianza en esa persona.

Si bien las JAC tienen esa alternativa de ser las voceras de la gente de un barrio o comuna, las JAL (corporaciones administrativas de carácter público, de elección popular), que fueron consagradas por la Ley 136 de 1994, son los organismos que las controlan y apoyan en su trabajo, pero muchas veces es en estas entidades en donde se observa la manipulación y la falta de respaldo para que puedan sacar adelante los proyectos encomendados por las comunidades. Para ser más claros, éstas tampoco escapan de ese cáncer que carcome al Estado colombiano que es la corrupción.

En la capital nariñense existen 12 comunas y aproximadamente 450 barrios, sin embargo, no se cuenta ni con la mitad de JAC, lo cual conlleva a que gran parte de los sectores ni siquiera tengan representatividad, en parte por apatía, falta de conocimiento de los procesos de convocatoria y elección y, también, porque no hay personas de la comunidad que quieran involucrarse.

Esto nos lleva a la contundente gestión que deben ejercer las autoridades locales en facilitar los mecanismos de participación y a la vez apoyar a estos organismos populares, que en su mayor parte están simplemente de adorno.

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