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Editorial

Sábado, Febrero 8, 2014 - 09:03

Nadie puede discutir que las obras de infraestructura se constituyen en el peldaño para el desarrollo de las sociedades y tampoco nadie se opone, pero el problema surge cuando esos proyectos se manejan de manera inadecuada y causan un impacto más severo que el previsto en los cronogramas. Esta es la situación que en el municipio de Pasto se ha constituido en una constante y en un dolor de cabeza.

Quienes residen en la capital nariñense, pastusos de pura cepa y de distintos municipios del resto del departamento y del país, han abogado y respaldado el emprendimiento de esa decena de obras por parte de esta Administración, pese al trastorno que sabíamos iban a generar, pues entendemos que al cabo de un tiempo todo ese esfuerzo va a redundar en nuestro beneficio. Sin embargo, el problema comenzó a surgir con el incumplimiento de los contratistas y ese retraso que conllevó a dilatar el tiempo, y proyectos que se podían fácilmente hacer en 6 meses se han tardado un año y más.

Un ejemplo claro es el proyecto de rehabilitación del alcantarillado y pavimentación de dos cuadras de la calle 16, desde la carrera 21 a la 23, en el cual se tardaron más de 8 meses y cuando la terminaron salieron con la ‘pequeña’ disculpa. Le quedaban debiendo a la ciudadanía la recuperación de los andenes.

El proyecto completo está entre las carreras 21 y 26. En el momento pavimentan entre la 25 y 26, trabajos que se anunció terminarán en 20 días ante la presión de los comerciantes, pero el garrafal error es no haber incluido en estas obras los andenes, cuando eso es obvio. Ahora la comunidad tendrá que esperar al menos 6 meses mientras instalan la red de gas y telefonía.

Esta misma situación se vive en otros sectores de la zona céntrica, en donde los comerciantes han sido los más afectados porque, si bien han tenido paciencia y tolerancia, se les rebosó la copa y ya anunciaron medidas de hecho con bloqueo de vías. Esto nos lleva a señalar que existe manejo inadecuado de los proyectos y que no hay quién mantenga un efectivo control. Las autoridades locales han sido permisivas ante los caprichos de los contratistas.

Solo en lo que compete al comercio de la calle 16, las pérdidas en los últimos meses han alcanzado entre el 30 y 40 por ciento, que los ha llevado a cerrar varios locales y a despedir a 91 empleados. En Las Cuadras fue más grave, porque han estado bloqueados casi 2 años, y así por el estilo en otras zonas. No se cuenta con estadísticas generales de los perjuicios, pero el impacto ha sido tenaz contra nuestra débil y pírrica economía, golpeada el año pasado por dos devastadores paros agrarios.

No olvidemos que la Contraloría municipal reveló 23 hallazgos en las obras que hacen parte del Plan de Movilidad, uno de los más ambiciosos y que le cambiaría la cara a la ciudad de Pasto, pero de valer 350 mil millones de pesos, el costo de hoy es de cerca de 800 mil millones, y su terminación anunciada para el 2017 no se logrará concretarla como lo anunció Avante, entidad de la Alcaldía de Pasto. No olvidemos que este macroproyecto comenzó en el 2005.

Esto causa rabia y dolor, pero como ciudadanos que queremos el cambio de nuestra región tenemos que exigir que se cumpla con las obras y se busquen los mecanismos legales y logísticos para impedir más retrasos y anomalías en las obras, porque lo peor sería tratar de bloquearlas con acciones jurídicas o de hecho.

Pedimos a la Contraloría, Procuraduría y a la Personería, esta última perdida del mapa de los controles, que mantengan una permanente vigilancia del desarrollo de los proyectos e investigar esos presuntos desmanes.

La comunidad está harta de tantos incumplimientos, de ‘elefantes blancos’ y de obras mal hechas. Se tiene que sentar un precedente y aplicar los correctivos para imprimirle eficiencia al desarrollo urbanístico de Pasto.

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