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Editorial

Martes, Julio 8, 2014 - 11:30

Inconcebible y aberrante, son los dos adjetivos que de manera obligada tenemos que utilizar para calificar la situación que acaba de denunciar DIARIO DEL SUR en la ciudad de Ipiales, donde niños y niñas son alquilados para ser usados en la mendicidad.

Nos parece además que este infame negocio al que estamos haciendo referencia, no solo se lleva a cabo en la frontera sino también en Pasto, donde en más de una oportunidad ha habido referencias de que muchos de los menores de edad que se ven en las calles de la capital de Nariño, acompañados de personas adultas, en el proceso de implorar la caridad pública, son alquilados por estos traficantes, quienes saben perfectamente que la mendicidad es uno de los negocios más lucrativos del mundo.

La denuncia hecha por el director de la Fundación Social Providencia, Alfonso Cabrera, produce intensa ira, al saber que hasta bebés de escasos días de nacidos son utilizados para hacer que las personas sientan lástima y entreguen sus limosnas, creyendo hacer una buena obra.

Nos encontramos ante una situación que tiene su origen en la precaria situación económica de muchos padres de familia, quienes al carecer de cualquier clase de ingreso no tienen otro remedio que aceptar las propuestas que les hacen los delincuentes para que les alquilen sus hijos.

Nos parece, entonces, que las denuncias que hace el señor Cabrera deben ser tenidas muy en cuenta por las autoridades, puesto que él está haciendo referencia a un negocio infame, en el que los niños son expuestos a toda clase de riesgos y necesidades, con tal de que se les vea tristes, para de esta manera mover a la piedad y la conmiseración de los peatones.

En este sentido, es de anotar que quienes por estos días han ido a la ciudad de Ipiales se encuentran en sus calles céntricas invadidas por hombres y mujeres, quienes mediante pancartas anuncian que son desplazados.

Pero, ¿quién garantiza que sea así? Se trata de familias enteras, llenas de menores de edad, rubios, trigueños, afrodescendientes, toda una mezcolanza infantil, que naturalmente origina la más profunda compasión.

Entonces, el llamado que le hacemos a las autoridades es que a la mayor brevedad posible deben realizar una completa investigación, para establecer si en realidad las personas que por estos días invaden el centro de Ipiales y también de Pasto, son en realidad desplazados.

Sobre el particular, mueve a sospechas que son los días de quincena cuando esos “desplazados” aparecen en cantidades industriales, lo que naturalmente hace pensar que se trata de timadores, que saben que con la presencia de los niños tendrán asegurados pingües ingresos.

Ante estos inquietantes episodios, creemos que es el momento para entrar a actuar. Naturalmente entendemos que se trata de un proceso que no es fácil y que requiere de investigación, pero vale la pena hacerlo para enfrentar a los promotores de esta reprobable actividad y poder sacarlos de las calles.

El objetivo es no seguir permitiendo estos abusos en detrimento de los menores de edad y poder castigar a los responsables con todo el peso de la ley, puesto que sus acciones tipifican un tráfico de personas, monstruoso, si se tiene en cuenta que son los propios padres de familia los que acceden a alquilar a sus hijos movidos por las más grandes necesidades, lo que en sí tipifica otro grave caso social.

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