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“Ser madre y ser socorrista es una gran responsabilidad, pero me ha dado las herramientas para inculcar a mis hijos el significado de brindar ayuda y apoyo desinteresado a los demás cuando sufren”.

Ese es el sentimiento de la socorrista de la Cruz Roja Colombiana seccional Nariño, María Claudia Martínez Tobar, quien lleva 40 años de su vida en esta importante labor. Sin embargo, es un pensamiento en común que guardan las madres dedicadas a salvar vidas y atender crudas emergencias.

Martínez ingresó a la institución pero en Popayán cuando a penas tenía 16 años de edad, en 1979.                                                                                   

“Actualmente soy casada, mi esposo también es voluntario de la misma institución y tenemos dos hijos. Me convertí en madre a los 25 años de edad”, expresó.

Si bien ser madre y socorrista ya genera gran responsabilidad, María Claudia también se desempeña como auxiliar de enfermería.

“Una de las cosas que me llevó a ingresar a la Cruz Roja es que desde muy pequeña siempre me gustó ayudar a la gente que estaba herida o lesionada. En mi casa fuimos muchos hermanos y siempre que alguno se caía o algo les pasaba, yo era la que les prestaba primeros auxilios y corría a llevarlos al hospital”, contó.

Resalta que es un sentimiento innato, y que cuando se le dio la oportunidad de ingresar a dicha institución humanitaria, no lo pensó dos veces, pues le gustó mucho la labor desinteresada que ahí se cumple.

Fuerte experiencia

Martínez es una de las madres más destacadas por su labor en la institución. Ha tenido que vivir experiencias fuertes, una de las que recuerda fue en el terremoto de Popayán, en 1983.

“Ese día estaba en la ciudad y nos íbamos a ir a la Catedral a cubrir un evento, pero ni siquiera alcanzamos a salir porque a las 8:13 que ocurrió el terremoto estábamos en plena sede. Fue una experiencia bastante fuerte por ver todo destruido y empezaban a llegar heridos a la Cruz Roja”, contó.

Pasada una semana en el albergue, cuenta que le llamó la atención un niño de 5 años de edad por que nadie preguntaba ni reclamaban.

“Así que me dirigí a un periódico y pedí el favor que le tomaran una foto. Los datos que me daba el niño los publicamos junto a la imagen”, expresó Martínez.

El niño se llamaba Alexander Rivera Blanco y a los 5 días de la publicación llegaron a reclamarlo, pero la sorpresa que se llevó la socorrista fue que él no estaba perdido por el terremoto sino por otras circunstancias que lo habían llevado a perder contacto con su familia por un año.

“También estuve en la emergencia de Armero en apoyo a los albergues y en otras en las que ha sido muy grato participar y ayudar”, manifestó.

Apoyo familiar

La socorrista Claudia Martínez destaca que ser madre y socorrista es una labor de mucha responsabilidad que ha logrado llevar a cabo con el apoyo de su familia.

Asegura que les ha enseñado a entender el significado de sacrificar un fin de semana o una salida con ellos por cumplir sus responsabilidades en cualquier emergencia.

“Obviamente he contado con todo el apoyo de mi esposo que se quedaba con los niños cuando eran muy pequeños. Dado que mi esposo también es voluntario, entonces hacíamos lo mismo cuando le tocaba a él atender la emergencia”, expresó.

Incluso, cuando la pareja debía asistir a campamentos o labores en terreno se llevaban a sus hijos.

“Nuestros hijos crecieron con esa imagen de su mamá y su papá socorristas. Así que la alegría es muy grande. Ser mamá es muy importante, sentir que los sacamos adelante, apoyarlos con el trabajo y el esfuerzo, enseñándoles a que tengan este sentido humanitario, que cuando alguien sufre lo podamos ayudar”, resaltó.

Agregó que en su familia es muy común ver que, estén donde estén, si presencian un accidente o una emergencia, prestarán atención y ayuda.

“El día de hoy sigo apoyando en muchas acciones, pero obviamente no con tanto tiempo sino cuando se puede. También trabajo en el programa Edad Dorada de la institución en Pasto, y me gusta mucho por la labor de apoyar a nuestros adultos mayores, porque les enseñamos y mostramos que a su edad siguen siendo personas productivas y que el hecho de jubilarse no significa que la vida se acaba sino que sigue, y sigue para vivirla plenamente”, resaltó.

Labor voluntaria

Otra de las mamás que en el departamento de Nariño se destaca por desempeñarse como socorrista y voluntaria de la Defensa Civil Colombiana, seccional Nariño, es July Moreno, quien a sus 17 años de edad asumió ambas responsabilidades.

“Tengo dos hijas de 14 y 11 años de edad: Melanie Sofía y Juana Isabela Rosero. Ser madre adolescente significó una etapa difícil, pero que cada día dando gracias a Dios ha sido satisfactoria, pues es la oportunidad que me dio la vida no solo de dar a luz, sino de orientar, criar, amar, respetar e inculcarle valores a mis hijas para que sean grandes seres humanos para la sociedad”, resaltó Moreno.

Cuenta que un amigo del colegio donde estudiaba, quien hoy es el vicepresidente de la Junta Pasto de dicha institución, fue el que la incentivó a convertirse en socorrista.

 

“Llevo ya 6 años en los cuales me he capacitado y realizado cursos en gestión ambiental, rescate y primeros auxilios, entre otros, para estar preparada ante cualquier emergencia o eventos de afluencia masiva que puedan registrarse”, contó.

Cabe resaltar que esta labor es voluntaria, es decir, no recibe ningún tipo de sueldo por ser socorrista. Es por ello que además de dividir su tiempo entre su hogar y brindar atención en emergencias y eventos, también trabaja en oficios varios y es comerciante. De esta manera y con mucha entereza saca adelante a su familia.

“Defensa Civil se ha convertido en un espacio donde dedico un poco de tiempo para aprender y ayudar sin beneficio, porque me nace y lo hago con mucha voluntad, de corazón”, expresó.

Con mucha modestia, Moreno resalta que siempre se ha caracterizado por ser pulcra, cumplir sus deberes como voluntaria socorrista, ser puntual y portar muy bien su uniforme, del cual se siente muy orgullosa.

Sacrificios y oportunidades

Si bien ha tenido que sacrificar tiempo con su familia, asegura que ellos mismo le brindan el apoyo para incluso viajar a otros lugares a brindar ayuda y capacitarse.

“Ser mamá y socorrista es una experiencia muy bonita ya que es muy satisfactorio ayudar y apoyar en lo que uno este dispuesto, pero sobre todo hacerlo con cariño. Además porque cumplir esta labor me lleva a conocer personas que valoran mucho el esfuerzo y aporte que se hace en beneficio de la comunidad”, concluyó la socorrista.

Tacto y amor

Para la bombero Zaney Luna ser madre le ha brindado herramientas importantes para cumplir con mucho más tacto y amor su labor en la atención de emergencias.

Luna pertenece al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Pasto. Ingresó cuando tenía 23 años de edad, es decir, hace 8 años.

“Tengo una hija de 12 años de edad, la cual cursa séptimo grado. Se llama Valery Pianda Luna, y la he criado con mucho amor, inculcándole mucho de lo que sé como bombero y de los valores que en la institución nos enseñan. Lo he hecho con gran sacrificio pues soy madre soltera cabeza de hogar”, resaltó Zaney Luna.

En la institución trabaja en el Departamento Técnico de Reducción, desempeñándose como Unidad recaudadora del servicio en las inspecciones de seguridad humana.

“Una de las razones más importantes por las cuales tomé la decisión de convertirme en bombero, fueron los distintos accidentes de tránsito e incendios forestales que presencie, sobre todo en el sector donde vivo, pues al mirarlos sentía gran impotencia de no poder ayudar. Esto me llevó a capacitarme y a hacer parte de esta gran familia bomberil”, expresó.

Desempeña diferentes funciones, tanto operativas como administrativas, o dependiendo del requerimiento del servicio.

“Todas las emergencias que he atendido han sido importantes para mi formación, todas requieren de gran entrega, espíritu de colaboración y ayuda mutua. Por eso, puedo mencionar que la responsabilidad de ser madre está latente en lo que hago y lo aprovecho al máximo”, resaltó la bombero.

Resalta que la labor no ha sido fácil, pero que siempre ha buscado la manera de distribuir su tiempo de la mejor forma, para compartirlo entre sus responsabilidades como bombero y madre.

“El factor tiempo no se mide por la cantidad sino por la intensidad con la que se vive cada momento, ya sea una o dos horas con mi familia, pero aprovechándolo al  máximo”, manifestó.

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