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Jueves, Enero 23, 2020 - 17:27

El ejercicio del buen periodismo por sus características apasionantes puede llevar a un desgaste precoz, como aconteció con uno de los personajes más queridos de los medios. Jaime Ortiz Alvear apagó su voz hace quince años, vencido por su garganta, ese instrumento que le permitió vivir profesionalmente en los medios, especialmente en la radio. Era un loco genial, el irreverente, el hincha de Millonarios, el atleta frustrado y el “salsólogo” que criticaba sin piedad a los tropicalistas. Tempranamente fue doblegado por un cáncer a sus 58 años en 2005.

Pasó exitosamente por Caracol, RCN y Todelar. Escribió para El Tiempo y el Espectador. Pero fue en estas mismas páginas donde plasmó sus agudas críticas y análisis con argumentos. Se expresaba con una mezcla de ironía y arrogancia, herramientas que utilizó en su oficio para marcar diferencias y lo logró al imponer su auténtico estilo. Siempre fue un estudioso, conoció al dedillo lo que hacía porque además también fue deportista de mediana competición. De allí su fiebre por el atletismo, deporte que amaba y conocía como ninguno.

Fue corredor de 1500 m, no se perdía un campeonato nacional y era asiduo reportero en la famosa “Carrera Internacional de San Silvestre” en Sao Paulo (Brasil). Allí nos encontramos a fines de los 80. Todo ello le representó logros como cuatro premios de periodismo Postobón y tres Simón Bolívar. Su pasión por el deporte lo convirtió en iconoclasta de su oficio. Le gustaba ser elegante para hablar y vestir. Con su prosa le huía al lugar común, a la frase hecha, a la muletilla fácil. Al facilismo del periodismo deportivo que siempre criticó creando ideas y cuidando el lenguaje.

En ese espacio fue famoso su enfrentamiento con Édgar Perea, a quien Ortiz sacaba la piedra y el barranquillero histérico caía en la trampa. Alguna vez cuando el torneo profesional de fútbol se definía en octogonal Peláez pidió a sus panelistas pronosticar el campeón. Cuando llega el turno para Jaime dice “No sé quien sea el ganador, pero si estoy seguro cual será el último: el Júnior”. Los insultos de Perea no cabían y debieron cortarlo.

Conocido como "El Olímpico", por el cubrimiento de los Juegos Olímpicos durante 28 años, Jaime se destacó como comentarista en los campeonatos mundiales de fútbol, en los torneos internacionales de atletismo, y en las competencias ciclísticas más importantes. Gozaba de una privilegiada memoria para recordar datos estadísticos deportivos. Fue un polémico analista de fútbol haciendo parte de la inolvidable "Polémica" con Hernán Peláez. Fue muy cercano a los afectos de Millonarios, lo cual demostró con su columna "Cuartito azul".

Como buen vallecaucano se hizo experto en música caribeña, aunque según el crítico Álvaro Villota era un poco “Gallego” (lugar común de la salsa). Cuando presentaba su programa “La salsa con estilo -  el único show que no tiene cover-“, hablaba con “el tumbao que tienen los guapos al caminar”. "Con Ortiz para la salsa, para la salsa Ortiz". La W Radio y gracias a Julio Sánchez Cristo uno de sus grandes amigos, su programa que lo marcó (‘Salsa con estilo’) se ha mantenido bajo su eterna dirección y formato, como una manera de preservar su memoria y legado. Un gesto grato que vale la pena reconocer, que hoy se emite viernes y sábados en la noche.

Jaime, llevaba una vida con el encanto de lo misterioso que no desdeñaba las multitudes de los estadios. Ortiz quería morir en su ley, cerca de la “redonda alegría del gol”, una de las expresiones que resumían su felicidad en el trabajo. Este tributo es para ese gran hombre que mucho nos hizo gozar y que hoy debe estar ahora haciendo sonar su Juan Pachanga para que bailen querubines en la eternidad.

Por: Fabio Arévalo Rosero MD

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