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Domingo, Mayo 26, 2019 - 18:36

Los medios de comunicación ya no son lo que eran. ¿Parece una afirmación de Perogrullo, verdad? Pero es así. Y muy seguramente mañana tampoco serán igual que hoy. La vida de este diario lo demuestra.

Hace 36 años, cuando nació el DIARIO DEL SUR, los medios eran tres: prensa, radio y televisión. La prensa luchaba por repartir la publicidad en sus páginas, en un proceso que vigilaba el ABC (Audit Bureau of Circulations) y obligaba a certificar los ejemplares vendidos.

Las mayores inversiones de un diario pasaban por tener una gran rotativa y una gran plantilla. La mejor rotativa era la offset Metroliner, capaz de imprimir 60.000 ejemplares por hora; y los estudiantes de periodismo hacían cola para trabajar en sus salas de redacción.

La informática daba sus primeros pasos hacia lo que sería después. IBM monopolizaba el mercado de los computadores, pero al servicio de las grandes empresas y no del consumidor corriente, porque era carísimo. Los sistemas operativos en boga eran Intel y DOS, lo que al poco tiempo daría pie a Microsoft.

En cuanto a la información, en 1983 éramos sujetos pasivos ante las noticias. Nuestra opinión se limitaba a las cartas a la redacción o la llamada de turno al programa de opinión. De manera que los retos del periodismo pasaban por ofrecer, como es natural, una información veraz y lo más completa posible.

La prensa ganaba en ello a los otros medios, pues la publicación al día siguiente garantizaba horas de preparación. El télex y el fax eran vitales, pero sobre todo el teléfono.

¡Ah!, qué tiempos aquellos en que la llegada anual el directorio telefónico era un acontecimiento familiar, y tener una línea fija, un motivo de orgullo.

Y fue justamente allí, donde la cosa empezó a cambiar. En los diez años siguientes se desarrolló el email, convirtiéndose a finales de Siglo XX en un vehículo estandarizado de comunicación personal. Su boom nos permitió entrar en contacto continuo con los computadores, y abrir sin parar las páginas de Internet.

Marcados por la lentitud de los modems, surgió la opción de participar de ese mundo digital y aparecieron los blogs. Ya éramos seres digitales cuando se pusieron de moda las redes sociales. Con una cuenta gratuita estábamos al tanto de lo que sucedía al otro lado del mundo, porque otra persona igual que nosotros nos lo contaba. Pero, ¿era fiable esa información o sencillamente se trataba de un punto de vista?

Sea como fuere, la dimos por buena, y así, sin que nadie se diera cuenta, la vieja estructura de los medios de comunicación se vino abajo y debió transformarse. Si todas personas tenían un ser digital, a los medios no les quedaba otra opción que tenerlo también. Eso implicó diversificación, y la diversificación planteó un dilema en las directivas.

El nuevo trabajador debía saber más cosas. Un periodista debía tomar fotos, escribir, corregir, editar y publicar. Y se redujeron las plantillas, dando una campanada de alerta a las facultades de comunicación.

¿Qué le espera a los medios? Sin duda, mantener la idea de la información veraz a toda costa. El fenómeno de las fake news es una amenaza porque es muy tentadora. “¿Cómo no compartir algo en contra del candidato que odio? No puedo resistirme”. Y adaptarse a los cambios que vendrán. Ahora lo que manda son los mensajes que se autodestruyen. Tendrán que aprovechar eso, no hay más remedio. Vivimos un cambio de era, estamos en la era de la tecnología. ¿Qué diremos de esto en el año 2055?

 

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

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