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Domingo, Marzo 3, 2019 - 00:36

Ciro Guerra, enorme cineasta colombiano, nacido en Río de Oro, Cesar. Ya ganó una estatuilla de los premios Oscar de Hollywood, con su inigualable filme “El abrazo de la serpiente”, y estuvo muy cerca a otra en diferente ocasión, con una película que enlaza narcotráfico y capitalismo.

En efecto, Ciro Guerra y Cristina Gallego cuentan la verdadera historia del narcotráfico en Colombia en ‘Pájaros de verano’, historia trágica de la irrupción salvaje del capitalismo en la comunidad indígena wayuu y de la fractura de la identidad colombiana provocada por EE.UU. “Esta es una historia dolorosa, muy dura, pero así somos nosotros”. Hastiados, irritados y ofendidos por la imagen que el cine norteamericano ha creado del pueblo colombiano, Ciro Guerra y Cristina Gallego decidieron contar la verdad sobre “el origen del narcotráfico en el mundo, la historia original, el inicio de todo”. Lo han hecho en Pájaros de verano.

Esta no es otra película de narcos. Es cine de género, sí, pero y es una tragedia clásica, es una reflexión sobre la fractura de la identidad colombiana provocada por EE.UU., un valioso relato sobre la irrupción salvaje del capitalismo en una sociedad de tradiciones milenarias, el retrato de una familia “que metafóricamente es como una nación”.

Estrenada en la Quincena de Realizadores de Cannes y presente en la sección Perlas de San Sebastián y en Toronto, Pájaros de verano se alzó con el premio a la Mejor Película en La Habana y en los Premios Fénix. Ambientada en los 70, cuenta cómo la afición de la cultura hippie americana a la marihuana convirtió a los agricultores del pueblo indígena wayuu en empresarios.

El liderazgo, la codicia, el poder transformó una vida pacífica en una guerra fratricida, en la que “Colombia se ha llevado toda la sangre y los muertos”. Los directores explican en esta entrevista con Público todas las claves de su película.

La película narra cómo los wayuu  cultivaban café y lo cambiaron por el cultivo de marihuana en los años 70. Ahí nació todo: claro porque ese es el origen del narcotráfico en el mundo, la historia original, el inicio de todo. Es una especie de leyenda, una historia mítica en el Caribe colombiano, nunca representada por el cine.

Primero fue el cultivo de café, luego el tráfico de marihuana y luego el de cocaína. Los wayuu viven en una región muy apartada, son una sociedad tradicional. Y por ahí fue por donde empezó la transformación social del pueblo colombiano. Llegó el capitalismo y la modernidad de una forma despiadada y violenta. Y es por ello que esta historia del narcotráfico tiene poco que ver con la que se cuenta desde EE.UU.

Cuando pensamos en hacer una nueva película, narran los dos cineastas, nos preguntamos qué historia podíamos contar y qué podíamos traer nuevo al cine. Las aventuras de los exploradores siempre se han contado desde otras cinematografías, ahora íbamos a contarla desde la colombiana, no desde la gringa. La imagen que ha dado el cine de los colombianos no es una visión nada cómoda, no hemos sido retratados con justicia. En realidad la historia del narcotráfico es la historia trágica de una nación, de cómo irrumpe el capitalismo, y ahora ya es la historia de Latinoamérica.

Y muy acertadamente agregan: hay una doble moral sobre el tema de las drogas. En EE.UU. se permite para usos médicos, pero en Latinoamérica ha sido una tragedia. Y Colombia se ha llevado toda la sangre y los muertos. En Colombia había un tabú respecto a hablar del narco como colombiano. Estamos cansados de películas colombianas de narcos, cuando todo se ha provocado desde EE.UU. La glorificación de los mafiosos y de los asesinos.  El retrato que han hecho los gringos de nosotros es como si la guerra la contaran los nazis. Y en realidad esta es la historia de la destrucción de las bases de una sociedad, de la imposibilidad de asumir la modernidad de forma normal.

Lo original, y valedero es utilizar  en la película la historia de una familia como alegoría de  Colombia.

La pareja explica la razón de lo dicho, de esa alegoría, planteando  en los debates sobre la película, que su guión utiliza ese enlace pues, lo relacionado toma la toma como centro.  Sí, es una familia que metafóricamente es como una nación.

En esa familia hay unos códigos, explican, pero nosotros no queríamos hablar de buenos y malos, ni siquiera queríamos hablar de narcotráfico, sino del momento en que se quiebra todo en una familia. Es el momento en que se manejan las relaciones de poder en una familia. Ahí está el punto en el que la película logra conectarse con los espectadores. Pero con una realidad: La sociedad wayuu vive en el desierto, es la población indígena colombiana más grande. Es muy rica. Tiene la mina a cielo abierto de carbón más grande del mundo. Sin embargo, es el departamento que tiene más corrupción y más muertes por desnutrición infantil en Colombia.

 

Guillermo Alfredo Narváez  Ramírez

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