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Miércoles, Junio 29, 2016 - 10:51

En definitiva no hemos tenido suerte con los principales proyectos viales que en su momento prometían sacar al departamento de Nariño de su atraso en la materia y mejorar su conectividad a nivel interno y externo.

Sin embargo, habría que preguntarnos si nos estamos mereciendo esa suerte. Lo decimos porque, lamentablemente, podemos citar algunos ejemplos que demuestran que esas obras pareciera que no tuvieran dolientes o que se hubiesen contratado sin que nadie en la región las necesitara.

Vamos por partes: Ya sabemos que el consorcio Devinar, además de embolsarse injustamente más de 350 mil millones de indemnización o como se llame jurídicamente hablando lo ordenado por el Tribunal de Arbitramento de la Cámara de Comercio de Bogotá, nos dejó el mal recuerdo de dejar inconclusa la construcción del tramo en doble calzada entre Daza y Chachagüí, obra para la cual se requerirían mínimo 300 mil millones de pesos para finalizarla.

Es muy importante que los habitantes de Pasto tengamos una vía expedita hacia el aeropuerto, que nos brinde comodidad, seguridad y nos permita ahorrar valiosos minutos en cada desplazamiento. Eso dice la lógica y para eso nos sometimos a pagar un peaje durante años, por una vía que no se había hecho aún, contradiciendo el sentido común. Sin embargo, pareciera que a pocos o a casi nadie nos importa la suerte de ese tramo. Es como si nadie lo necesitara y que el Gobierno botó una plata en contratar una vía innecesaria.

Sabemos que no es así, pero con nuestras actitudes es como si lo fuera. Para muestra un botón: ¿Ha leído o escuchado usted algún pronunciamiento del gobernador Camilo Romero, como primera autoridad del departamento o del alcalde de Pasto, Pedro Vicente Obando, como el mandatario de la ciudad capital, llamándole la atención al país y a su gobierno sobre lo que está pasando?

La respuesta es no. No hay duda que el liderazgo oficial está dejando hasta ahora mucho qué desear. Nos estamos supeditando a lo que pueda hacer la solitaria voz de entidades como la Cámara de Comercio de Pasto u organismos interinstitucionales como el Comité de Veeduría que vigiló durante 10 años la concesión Rumichaca-Pasto-Aeropuerto y que, seguramente, continuará con sus ojos puestos sobre el nuevo frente vial contratado para construir la doble calzada Rumichaca-Catambuco.

Por eso nos anticipamos a exigir que el concesionario de la nueva obra se atenga con disciplina a los términos aceptados en el contrato y al trazado definido en él. Nos preocupa mucho que antes de empezar trabajos ya le esté vendiendo la idea a la Agencia Nacional de Infraestructura de construir una variante entre San Juan y Pilcuán, lo que implicaría el trámite de una nueva licencia ambiental y esa modificación nos pondría de cara a otro contrato. De ahí a sufrir los consabidos sobrecostos, demoras injustificadas, incumplimientos y demandas al Estado como ya ocurrió en el caso Devinar, es solo cuestión de tiempo. Ya aprendimos la lección.

La variante San Francisco-Mocoa y su financiación constituyen otro ejemplo evidente de que a los nariñenses poco o nada nos importa ese proyecto, a pesar de lo vital que es para impedir que Nariño quede al margen de la conectividad que promete la marginal de la selva que se implementa para enlazar las capitales de Venezuela, Colombia y Ecuador. Nuestras autoridades siguen dando muestras de no conocer del tema y no importarles.

Y así podríamos seguir enumerando y describiendo otros casos como el tramo Junín-Barbacoas, la joya de la corrupción con la que han llenado sus bolsillos muchos contratistas sin concluir la obra que se comprometieron a hacer. Habría que averiguar el estado de la circunvalación al Galeras, de la vía hacia La Cruz y del trayecto El Espino-Guachucal-Ipiales. ¿Y a todas estas las autoridades de control? Ni fu, ni fa.

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