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Jueves, Enero 24, 2019 - 14:33

Hace unos 30 años Guayaquil, la ciudad hermana del vecino Ecuador era algo así como nuestro Buenaventura colombiano. También fue conocida como la “Calcuta de América”, por sus basuras. Un puerto con muchos problemas y un desarrollo precario, casi una ciudad marginal, con escasas expectativas. No hay duda que bajo la conducción del alcalde Jaime Nebot desde el año 2000 con las banderas de una “regeneración urbana”, la ciudad mejoró, se modernizó y se puso a tono con las mejores urbes latinoamericanas. Hoy Guayaquil es una ciudad en apariencia moderna, atractiva y con un potencial enorme para avanzar.

 Pero estos desarrollos cuando se hacen con entusiasmo desmesurado, sin una planificación a largo plazo y sin unas asesorías racionalmente técnicas y científicas dejan como saldo muchas contradicciones. Es decir las secuelas del desarrollo como legado del siglo pasado para aplicarlo al actual generan enormes problemáticas. Ello acontece mucho más con los gobiernos repetitivos que políticamente logran una “zona de confort” y prima su estatus, frente a las crecientes necesidades ciudadanas.

 Los riesgos de tomar un rumbo equivocado en este punto del desarrollo, son altos en nuestras ciudades latinoamericanas. Guayaquil entonces no podría ser la excepción. Ello se da por ejemplo cuando se establece un ‘modus operandi’ rutinario, bajo unos mismos parámetros repetitivos, con poca innovación o escasos cambios. Es indispensable la modernización de los avances y la actualización de los procesos ajustados a las nuevas necesidades de la ciudadanía. Una ciudadanía que evoluciona a la par de sus políticas públicas y de las nuevas oportunidades. Por ello son tan importantes los puntos de inflexión que cada cierto tiempo se recomienda producir o provocar en el desarrollo de las administraciones públicas.

El actual alcalde Nebot lleva casi 20 años en el poder, heredado de su copartidario León Febres Cordero (expresidente de Ecuador) quién estuvo dos periodos. Es decir son más de 27 años de un gobierno monotemático, que si bien ha tenido importantes logros, la ciudad está urgida de cambios fundamentales para enfrenar las nuevas problemáticas que están tomando importantes ventajas. Por casi 30 años esa importante urbe ecuatoriana ha sido regida por los principales representantes de la derecha conservadora guayaquileña. Y ello políticamente tampoco es saludable.

Lo importante ahora, es que en poco tiempo se darán nuevas elecciones para alcaldes en Ecuador. Jaime Nebot que se hecho elegir cuatro veces, ya no está habilitado para un nuevo periodo. Además es notorio el hastío de los ciudadanos cuando existe una especie de apropiación del poder por un solo actor y sector por tanto tiempo. Ello lleva inherente un enorme desgaste, la abulia natural con la consecuente necesidad del cambio.

 

En esta oportunidad las apuestas están entre dos propuestas muy definidas, casi polarizadas. Los guayaquileños tendrán que escoger entre continuar la misma línea de la derecha conservadora que ha gobernado Guayaquil por 30 años a través de la candidata afecta a Nebot, Cinthia Vitery. O el llamado candidato del cambio, el exprefecto de la provincia del Guayas, Jimmy Jairala, con un historial político novedoso.

Jairala se convierte en la alternativa frente a un viejo proceso, podría ser el punto de quiebre. Es un político de centro, una especie de Fajardo ecuatoriano. Más conciliador y con una enorme experiencia administrativa y política. Es además el jefe nacional de un partido ecuatoriano, que al contrario del colombiano, cumple al dedillo su denominación, Centro Democrático. Dadas su visión por promover una ciudad más sustentable, seguramente haría fuertes relaciones y hermanamiento con ciudades como Medellín en Colombia.

Las encuestas muestran que Cinthia Vitery el año pasado aventajaba a Jimmy. Al final del año Vitery apenas superaba al alternativo. La última encuesta hoy muestra que el candidato del cambio supera a la candidata del establecimiento al menos por tres puntos porcentuales. Según los expertos lo que realmente cuenta en las encuestas no son sus datos ni resultados numéricos, sino la tendencia que muestran.

Pero en la práctica lo que ahora más importa es que nuestros vecinos guayaquileños, den un gran ejemplo e independientemente a todo, escojan al candidato de demuestre y se comprometa a superar las problemáticas ganadas en los últimos años. El aspirante que sea capaz de fijar una verdadera hoja de ruta para hacer ojalá “El mejor Guayaquil de todo los tiempos”.

 

Por: Fabio Arévalo Rosero MD*

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