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Con la finalización de la minga indígena que pretendía darle cumplimiento a sus derechos y a acuerdos pactados con gobierno anteriores, nos queda un sinsabor al ver la cantidad de ‘borregos despistados’ que abundan por todas partes. Ya no me sorprende, me indigna que personas de toda pelambre se dediquen a referirse a la población indígena con términos peyorativos.

No sé qué les glorifica a estos ‘borregos despistados’ para mirar por encima de sus hombros a los pobladores de los resguardos indígenas. Bajo el amparo de la Constitución Política de Colombia tenemos igualdad de derechos y, por lo tanto, nadie puede ser segregado por su condición de grupo racial o étnico. Pero lo que se alcanza a mirar en las redes sociales es de una desgracia tal que me digo: ¡Cómo la educación no pudo haber influido en la inteligencia de estas personas!

Y generan un entorno de maldiciones, que algunos parecen decir una más no afecta. Pero claro que nos afecta porque nos deshumaniza, nos vuelve insensibles a la problemática social. De esa manera era como actuaban los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, discriminado en condición de su raza, exaltando que hay razas superiores como la aria.

Creerán algunos que son de sangre azul, que son muy chapetones o criollos finos; pero la historia nos indica que con la llegada de los españoles se produjo el mestizaje y que la población indígena por conservar su lengua, cosmovisión y territorio pertenecen a un grupo étnico con derechos constitucionales y con una jurisdicción especial indígena.

El respeto, más allá de ser una condición moral, es un hecho exigible a través del ordenamiento jurídico. Por ningún motivo podemos asumir el insulto, el desprecio y la agresión física como una condición común y aceptada, eso contribuye a fragmentar la sociedad más allá de lo que ya está.

Cada uno de los sectores de la sociedad entra en crisis en algún momento, para hacer exigibles sus derechos tiene que acudir a la huelga como mecanismo de presión consagrado en la Carta Política, en los tratados de la Organización Internacional del Trabajo y el Bloque de Constitucionalidad. Entonces, por qué agredir con insultos y con ataques directos a nuestros hermanos indígenas, si en algún momento tenemos que salir a protestar, y nos dirán que nuestros justos derechos no tienen validez o que estamos pidiendo demasiado.

Quedamos perplejos ante los trinos del senador Uribe, que humilla al pueblo colombiano, sin embargo aún hay algunos que tienen la ridiculez de aplaudir tamaña afrenta. Dijo que no le importaría cerrar la carretera Panamericana por dos años a fin de no negociar con la “minga terrorista”; olvidando que allí no hay actos de terrorismo sino en su imaginario. Hemos llegado a un punto donde nos importa un comino las humillaciones del señor Uribe, tanto así que algunos lo han endiosado o le han formado una religión.

Más grave aún el último tuit donde el expresidente se despacha con su sanguinario espíritu, recriminándole al presidente Duque que lo que se debió hacer es cometer una masacre y no una negociación, acompañado de sus habituales epítetos de declarar terrorista a todo aquel que no es de sus simpatías.

A propósito el Código Penal, en su artículo 102, establece medidas de prisión hasta por 180 meses, sanciones pecuniarias hasta por 1.500 salarios mínimos e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas a quien promueva el genocidio, el antisemitismo o de alguna manera lo justifiquen o la instauración de regímenes que los amparen.

Estas circunstancias me indignan, pero deberíamos estar indignados todos los colombianos con tales humillaciones. No es justo que un expresidente que se gasta más de 300 millones de pesos mensuales, equipo, vehículos y un escuadrón de 300 hombres en su custodia, haga lo que le venga en gana y no sea procesado por la justicia ordinaria y por la JEP por sus crímenes de Estado.

Y los nariñenses deberíamos estar indignados porque el presidente Duque lo que hizo fue dejar con vientos frescos a los gremios empresariales, a lo único que se comprometió fue a garantizar créditos blandos. ¡No permitamos tanta humillación!

Por: Aníbal Arévalo Rosero

fundacionecosofia@gmail.com

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