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…Llegó el momento de contarnos la verdad, duélale a quien le duela…

 

Tan pronto salió a la venta, no dudé en hacer la inmersión en el libro de Juan Manuel Santos “La batalla por la Paz”, y me propongo en esta columna relatar muy brevemente la experiencia.

Lo primero, es compartir la decepción reiterada que me embarga cuando observo una vez más, cómo la gran mayoría de los medios de comunicación, no logra escaparse de ese amarillismo frívolo y dañino de reducir todo a la polarización Uribe vs Santos. No hay derecho, en este libro de casi 600 páginas, las menciones al expresidente Uribe o a sus aliados no ocuparon ni el dos por ciento del contenido.

Para mí fue todo lo contrario. Lo más interesante lo encontré en el 98% restante. Lo cierto es que los únicos que han revirado son el propio Uribe y José Obdulio Gaviria, y claro, están en todo su derecho, pero eso no puede restarle importancia a los cientos de episodios que se relatan sobre el proceso de paz, incluyendo las historias con los protagonistas.

En ese libro se describe la forma cómo se vincularon a un asunto tan delicado muchísimas personas e instituciones: actores, políticos colombianos y extranjeros; el papa Francisco; expresidentes de la talla de Mandela, Obama, Pepe Mujica; se brinda una imagen del papel de cada uno de los negociadores de ambas partes (incluyendo los exmilitares colombianos); se habla de los delegados y jefes de estado de los países garantes, de casi todos los expresidentes latinoamericanos, de líderes mundiales en muchas disciplinas y expertos juristas y defensores de derechos humanos; de los funcionarios de las Naciones Unidas; de periodistas de todo el mundo; y hasta del mismo Trump, y por supuesto, de cientos de víctimas y exguerrilleros de las Farc.

Y hasta ahora no se han tenido noticias de que alguno de ellos haya contrariado las versiones de Santos; por eso creo que su lectura bien vale la pena.

De paso me anticipo a los regaños: no soy santista ni lo he sido nunca, porque no soy “ista” de nadie, ni sigo ciegamente instrucciones o manuales ideológicos de nada, por importantes que estos parezcan: el fanatismo es una trampa que se inventan desde hace siglos las elites para escamotearles la verdad a los ciudadanos.

Por eso escribo sobre este libro, porque llegó el momento de contarnos toda la verdad, duélale a quien le duela y venga de donde venga. Esto ya no se arregla con pañitos de agua tibia sino con acciones de fondo que le pongan la cara al país y a las víctimas.

Oportunamente, ahora que se le ocurrió a Duque por órdenes superiores objetar artículos de la JEP, el libro recuerda cómo se elaboró el capítulo de la justicia transicional dentro de los acuerdos de La Habana. No fue tarea de un día sino de meses y ni siquiera lo preparó el gobierno ni mucho menos las Farc, aunque naturalmente incidieron en las líneas fundamentales; el texto fue diseñado por una Comisión autónoma de juristas conformada por exmagistrados de la Corte Constitucional, el rector de una Universidad prestigiosa, experto en resolución de conflictos, y hasta el famoso abogado norteamericano Douglas Cassel, reconocido mundialmente como defensor de derechos humanos, entre otros.

Cuando ganó por una cifra nimia el NO en el plebiscito fruto de las mentiras y la desinformación, la mesa de negociaciones aceptó en su momento estudiar de nuevo la totalidad de los reclamos hechos por el Uribismo, y de estos, el 98% fueron modificados como querían los supuestos vencedores.

Nada les sirve. Los colombianos no debemos aceptar más palos en las ruedas de la paz, y mucho menos, por cuenta de una rencilla personal, que nos polariza y nos pone a gastar buena parte de la energía nacional en una pelea de perros y gatos que carece de sentido.

Por Miriam Martínez Díaz

@PazAportes

 

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