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Miércoles, Noviembre 7, 2018 - 16:49

En el año 1970, por una veladora dejada en un local comercial de la Antigua Plaza Central de Mercado, ubicada en lo que hoy es, el Complejo Bancario de la capital nariñense, cuyo ímpetu de sus llamas arrasó con más del 50% de sus bellas estructuras dóricas, que parecía una edificación romana, que se constituyó en el epicentro en donde confluían todas las actividades mercantiles, desde los años 30 del Siglo XX.

Para igualar el desnivel existente entre las calles 18 y 19, con carreras 20A y 21, los arquitectos tuvieron que dejar una planta hacia el occidente, que abarcaba hermosos locales como, El Almacén Guayaquil, de Don Ramón Moreno y familia, en donde se expedían variedad de productos y el exquisito Café Kalifa, que se vendía hasta en papeletas. A pocos metros estaba El Almacén El Trébol, de la familia Aguilar, con un amplio surtido de cacharrería, papelería y artículos de regalo. En plena esquina de la 18 con carrera 21, llegaba el delicioso frito pastuso de las esposas e hijas de Don Juan Roby y Efraín Miranda, cuyas preparaciones se elaboraban en el Barrio Obrero.

En su interior existían los depósitos de granos secos, como fríjol, haba, arveja, maíz, garbanzo y lenteja. Al igual, que muchos almacenes de ropa confeccionada, como el de La Familia Gudiño y de la Madre de Leonel Cabezas. Existieron también los expendios de calzado, de alpargatas, de sillas, enjalmas y cinchas para las caballerías. Sobresalían los puestos de las vendedora de mote de Genoy, que fue el complemento del Frito de Doña Rosa Mosca, considerado el más exquisito de la capital, elaboraba cerca a la Iglesia de la Panadería, que lo entregaba con maíz chulpe tostado.

Siguiendo por la segunda planta encontrábamos la sección de tercenas, con carnes de ovinos, porcinos, bovinos, pollos y pescados. Al llegar a la calle 19, se iniciaban las panaderías, como la de la Señora Luisa Venegas e hijas, con pan elaborado en el suelo o en latas, de sal o allullas; pasteles y ponqués, panuchas, polvorones, colaciones, pirulíes, roscones, alfajores, que eran los mecatos escolares.  

En la primera planta interna,  estaban los alimentos frescos llegados en recuas de caballos, camiones y buses escalera, como papa, plátano, yuca, hortalizas, verduras y frutas, en grandes cantidades. Muchos comerciantes no alcanzaban en estos puestos y la Administración de Plazas de Mercado les asignaba los andenes de las dos carreras 20A y 21.

En las afueras de Brach & León y la Droguería San Vicente, se ubicaban los comerciantes de vestidos para hombre y mercancía fina, entre ellos, Don Arnulfo Guerrero, un gran líder social, que construyó el barrio de Pasto, que lleva su nombre.

A fin de cuentas, por ese descomunal incendio, perdimos una verdadera Obra Arquitectónica de Lujo, siendo sus comerciantes reubicados en la Plaza de Ferias del Potrerillo, en donde el Municipio de Pasto, no ha logrado construir una Corporación de Abastos, a la altura de la capital. Ojalá, Dios permita que se les ilumine el bombillito de la Sabiduría Divina.   

 

Por: Jorge Enrique Tello Chávez

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