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Martes, Junio 18, 2019 - 17:36

Si sufrimos con un panorama de violencia producto del conflicto armado y a este le abonamos venganza, odio e intolerancia, con estos ingredientes el problema se nos convierte en un fenómeno que será casi imposible de controlar. Eso es lo que ha tomado fuerza en el departamento de Nariño con la denominada justicia por mano propia o ajuste de cuentas, lo cual golpea con severidad nuestra imagen.

En días pasados analizábamos los casos de este tipo de justicia vengativa y pendenciera que ha comenzado a hacerse común en la ciudad de Pasto, en donde en lo corrido de este año se han producido 17 casos de motos quemadas, en las que se movilizaban los delincuentes que cometieron atracos a ciudadanos.

Si bien esto es grave y se necesita buscar alternativas eficaces para crear conciencia en el respeto a la Justicia institucional en el marco del Derecho de cada Estado, es más grave lo que ocurre en algunos municipios del sur de Nariño en donde ya no es solo vehículo el que les destruyen, sino que les cobran la vida a presuntos delincuentes comprometidos con casos de abigeato, piratería terrestre, extorsiones o secuestros.

Un caso que alarma y consterna es el registrado el fin de semana en la vereda Chacuas, municipio de Ipiales, en donde mataron a tres jóvenes oriundos de Guayaquil, Ecuador, que según afirman murieron el uno a bala, el otro apuñalado y el siguiente degollado, al parecer por estar comprometidos en hechos delincuenciales.

Las autoridades que revelaron la presencia de un cuarto hombre que quedó herido, señalaron que no se ha establecido que estén comprometidas con actos delictivos y tampoco que sea un caso de justicia por mano propia, sin embargo hay indicios que el caso esté relacionado con ajuste de cuentas producto de narcotráfico.

La muerte de estos extranjeros debe conllevar a que las autoridades reaccionen ante la impresionante violencia que se registra en el departamento de Nariño, como sucede en Tumaco, Samaniego y Barbacoas, en donde en los últimos días se ha producido la muerte de un periodista y cuatro indígenas Awá.

Es lamentable que nuevamente dejemos el precedente que Nariño es una región plagada de violencia. Con esto lo primero que afectamos es nuestra economía, pues los extranjeros, sobre todo los vecinos de Ecuador no van a querer venir. Con estas muertes ahuyentamos a cualquiera y nuestro comercio es el primero en sentirlo. La semana pasada la Cámara de Comercio de Pasto abordaba el tema de la baja presencia de ecuatorianos por distintos factores como la mala atención, los precios de productos y servicios demasiado altos; el maltrato de las autoridades de Tránsito y el largo trayecto entre la frontera y la capital nariñense por las obras de la doble calzada, y si a esto le sumamos que por acá matan a los foráneos, nos hacemos el harakiri.

En el exterior van a vernos como un pueblo bárbaro, en donde además de sufrir los reveces del conflicto armado con la presencia de grupos guerrilleros, disidentes, paramilitares, agregado a esto la violencia que genera el narcotráfico, las comunidades hacen justicia por mano propia.

Tenemos unas autoridades dormidas que no actúan con efectividad y conllevaron a que nuestro departamento vuelva a convertirse en un polvorín, en donde llueven las balas y no se sabe de dónde disparan, pero a la vez tenemos otras violencia producto de la intolerancia, riñas callejeras o intrafamiliares que también dejan muertos a la lata y nos dejan a la zaga en la competitividad.

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