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¿Que los piques, esa explícita e irresponsable invitación a la muerte a bordo de un vehículo de alta gama, se iba a demorar mucho en llegar a Pasto? Quienes así lo pensaron, estaban equivocados. Esta práctica ilegal y, por lo tanto,  castigable a la luz de la ley, ya está aquí.

Sus practicantes son hijos de “papi y mami”, a quienes sus adinerados progenitores, por lo general, suelen satisfacerles todo gusto y todo capricho desde que son unos párvulos. Cuando crecen papá les cede el carro de 100 y más millones de pesos para que el hijo se luzca con los amigos, especialmente con las amigas. También les compran una moto de alto cilindraje.

Y digo que son hijos de “papi y mami” porque no cualquier muchacho nacido en un hogar no boyante económicamente, y menos si es pobre, puede acceder -ni en sueños- a un carro de la más alta gama, que son conducidos a una velocidad infernal por ciertas calles y avenidas de Pasto, por jovencitos que se sienten más hombres cuanto más a fondo pisan el acelerador, para demostrarles a las mujeres lo machos que son.

Se los ha visto pasar a mil, como una exhalación, por vías como la oriental que pasa por el túnel construido en inmediaciones de Daza, en horas de la madrugada.

Sé que hay excepciones. Que existen papás que teniendo mucho dinero para atender cualquier antojo que tengan sus descendientes, no lo hacen. Porque son conscientes de que haciendo eso los malcrían, que después no los satisface nada, ya no tienen sueños por cristalizar porque lo tienen todo, económicamente hablando.

Lo que les falta, en no pocos casos, es lo más importante: amor, atención, compañía materna y paterna, compartir en familia, algo que pocas veces se puede porque sus padres están metidos de cabeza en su trabajo haciendo dinero, mucho dinero. La nana los está atendiendo muy bien. No hay problema.

También consideran que mientras anden con su “juguete” de cuatro ruedas, no molestarán y andarán felices.

Sí hay problema

Pero sí hay un problema, y muy grande. ¿Cuántos de esos alcahuetes padres saben dónde está su hijo o hija, a las dos o tres de la mañana de un viernes o de un sábado, situación que casi cada ocho días vuelve a repetirse idéntica?

¿Cuántos de esos progenitores  han sido despertados abruptamente al sonar su teléfono insistentemente en lo mejor de su sueño, para escuchar una voz impersonal que les anuncia que un hijo se ha accidentado practicando piques ilegales en las calles de la ciudad, sin más detalles y que por lo tanto necesitan que se trasladen urgente al centro asistencial donde ha sido recluido y enviado a la sala de cuidados intensivos, con el peor pronóstico?

Entonces vendrán las culpas mutuas entre los padres, el remordimiento más profundo por haberse rendido ante sus caprichos, absteniéndose de imponerles  su autoridad, confundiendo esa permisividad con una verdadera demostración de amor y comprensión. Se les olvidó el deber de castigar y corregir para nunca más reincidir.

¿Qué dice la Policía?

Y a propósito de castigar, ¿qué dice la Policía Metropolitana sobre el tema? ¿Admitirá que no están haciendo prácticamente nada para erradicar el problema, que no es otra cosa que una amenaza de muerte a quien practique ese mal invento llamado piques, en carro o en moto? ¿O en motos vs. carros?

En principio lo hacían por la vía oriental hasta el túnel, en altas horas de la noche, ahora lo hacen en la vía que nos conecta con la Pastusidad y, al mismo tiempo, se los puede ver en acción en la Boyacá o, con todo descaro, por plena avenida Panamericana, que rápidamente se ha venido convirtiendo en la vía más peligrosa de la ciudad de Pasto por los constantes y graves accidentes automovilísticos.

A propósito de la Pana, se rumora extraoficialmente que el automotor particular de alta gama que se accidentó de la manera más violenta estrellándose contra cuatro árboles sembrados muy cerca del supermercado Andino, para finalmente dar vuelta de campana y matar a una joven ingeniera, había sido visto en repetidas oportunidades haciendo piques en la ciudad.

En Dosquebradas, una mediana ciudad risaraldense, el Concejo denunció que ya son por lo menos 200 jóvenes, que en su mayoría se hacen acompañar por sus novias o amigas, los que están dedicados a la práctica de los piques no solo en fines de semana y festivos, como era al comienzo, sino en cualquier día, ante la impavidez de la Policía. ¿Llegaremos a esos extremos en Pasto? Claro que llegaremos si no actuamos ya con autoridad y con la ley en la mano.

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