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Domingo, Octubre 6, 2019 - 11:00

El tema de la rehabilitación neurológica es uno de los más complejos de la medicina. Cada paciente tiene un problema particular y una terapia determinada por el tipo de lesión cerebral que presenta. De allí que se experimente con diferentes productos en las fases iniciales del tratamiento. En España y Francia, por ejemplo, se comienzan a usar los derivados cannabinoides para tratar la espasticidad, pues si hay mucha rigidez muscular, no se puede tratar. Y hay fisiatras pastusos trabajando en ello.

Uno de esos derivados es el spray sublingual, usado en pacientes con esclerosis múltiple. Este spray relaja los músculos y alivia esa rigidez. Esto es vital para gente que ha sufrido un ictus, por ejemplo. Y aunque se trate de experimentaciones y falten aún avales científicos, permisos familiares, respaldo legal y todo el protocolo sanitario, es claro que muchos caminos de la medicina del futuro van por allí. Y no sólo hablo de neurología.

Pero, ¿de dónde sale el producto base para crear estos derivados cannabinoides? Pues últimamente de Colombia.

Desde que se oficializó la Ley 1787 de 2016, que regula el uso médico y científico del cannabis, se han emitido 120 licencias de investigación, 247 licencias para siembra, y se han autorizado 56 hectáreas para su cultivo, tratamiento y exportación. Esta naciente industria, en la que 18 departamentos ya tienen licencias, genera casi 100 millones de dólares al año y según Fedesarrollo se espera una ganancia de 791 millones en el 2025. Y ya hay ingenieros agrícolas pastusos trabajando en ello.

La Universidad de Nariño obtuvo hace poco una de estas licencias emitidas por el Ministerio de Salud. Según la resolución 3360 de 2018, Udenar puede producir cannabis medicinal con fines de investigación. Entre los derivados cannabinoides que se estudian están el tetrahidrocannabinol, el cannabidiol y el cannabinol. Esta licencia coincide con el florecimiento de las tiendas naturistas, como la del Barrio Fátima, donde se venden productos derivados.

Según el Financial Times, que ha mostrado su asombro por este boom nacional, es el clima cálido colombiano el que facilita la cosecha del producto con calidad, y que por la mano de obra, sale más barato producir un gramo de flor de marihuana en Colombia, que en cualquier otro país. Por eso empresas como la canadiense Canopy Growth han aterrizado en Huila y Antioquia para invertir. ¿Por qué en esos departamentos y no en Nariño? Pues sencillamente porque aquí aún está empezando y todavía se lucha contra los prejuicios.

No es fácil luchar contra el estigma, sobre todo en un país que ha sufrido tanto por esto. Recordemos que el comercio ilegal de marihuana desató guerras infernales en la Costa Atlántica en los años 70 (los Cárdenas y los Valdeblánquez), antes de la aparición del narcotráfico. Y tampoco es sencillo asociar con la ciencia a un producto siempre asociado con el delito. Esto genera un debate moral y una desconfianza intrínseca.

Ese pasado ha hecho que la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Jife, limitó el cupo de producción y consumo de cannabis en Colombia. Específicamente 14 toneladas de aceite de cannabis. Nada que ver, pues hay más de 4.000 solicitudes de licencias y el Gobierno esperaba que le autorizaran 47 toneladas.

Es un tema delicado, desde luego. "Con la salud no se juega", como dice el slogan. Pero también es una oportunidad para darle la vuelta a la tortilla y lo mejor es que hay una conciencia científica, agrícola y empresarial en Pasto que avala el experimento.

Por: José Arteaga.

(Twitter: @jdjarteaga).

 

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