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Martes, Enero 29, 2019 - 16:36

Si bien es cierto que Vinikunka o montaña de 7 colores está hace 4.500 millones de años, cuando se formó la tierra, muy pocos sabían de su existencia, sobre todo del gran atractivo que tiene en la actualidad para el turismo internacional.

Todo se dio cuando algunos caminantes y aventureros conocían una ruta de acceso para el lugar y empezaron a publicar fotos a través de Facebook e Instagram. A partir del año 2016 se produjo el gran impacto por la belleza de esta cumbre de los Andes peruanos, que más se parece a una obra maestra de un pintor impresionista.

En realidad es muy reciente el aprovechamiento turístico de la montaña Vinikunka, apenas lleva un poco más de dos años. Según cuentan los guías que nos acompañaron en el recorrido, la montaña estuvo oculta por millones de años, hasta cuando se produjo el deshielo de sus cumbres por efecto del cambio climático, producido hace aproximadamente 60 años.

Ubicada en el departamento de Cusco, en la municipalidad de Pitumarca. Para llegar a ella, se sale del Cusco en buseta, en un viaje de más de tres horas. La salida se hace a las cuatro de la mañana; en la mitad del recorrido le ofrecen un delicioso desayuno en un restaurante campesino. Se continúa con la marcha por una hora y media, hasta llegar a la estación de buses, por un carreteable que se encuentra en buenas condiciones por su reciente apertura.

Se llega a un improvisado terminal, donde se parquean decenas de buses. A partir de ese momento los guías dan instrucciones precisas para que el grupo se mantenga en permanente contacto con su guía a través del nombre del grupo y el banderín como distintivo. Sobre empinadas cuestas están marcados dos senderos: uno para caminantes y otro para el tránsito de caballos para los que no tengan tan buen estado físico para llegar a la cumbre de la montaña.

Son cinco kilómetros de caminata que se los cubre en aproximadamente 2 horas, dependiendo del estado físico del caminante y su capacidad para soportar temperaturas de cero grados centígrados y la escasez de oxígeno en una altura máxima de 5.200 msnm.

Quienes no tengan un buen estado físico pueden sufrir de soroche o mal de altura que hace que sobrevenga una sensación de ahogamiento y debilidad física. Por ello se recomienda permanecer en Cusco unos dos días antes para efectos de aclimatación.

Mientras ascendemos podemos observar unos maravillosos paisajes que aún conservan sus cumbres nevadas. En las laderas de las frías montañas se logran apreciar rebaños de cientos de llamas y alpacas. Los nativos de la zona suben tirando sus caballos con turistas agotados que prefirieron hacer el ascenso a lomo de equino.

Mientras tanto otros indígenas ataviados de sus trajes típicos, descienden a trote con su caballo para aprovechar el momento de la presencia de cientos de turistas, muchos de ellos no resisten la caminata, por eso pagan 60 soles para llegar más descansados a la cumbre.

El flujo de turistas es tan alto, que se considera que los mismos turistas que visitaron Machupicchu, luego están ascendiendo a la montaña de 7 colores. El día de nuestra visita, le calculo que no había menos de 2.000 caminantes con el propósito de cumplir un sueño.

Una vez hemos llegado a la cumbre nos encontramos con turistas de cualquier país del mundo, que para expiar un poco el frío se toman una infusión del coca o un humeante café de las múltiples ventas que hacen los nativos. El descenso no es tan fácil porque, resultado del descanso mientras se toman las fotos, las piernas se han encalambrado.

Cerca de la una de la tarde se reúnen todos los grupos en la estación, y bajamos hasta el restaurante campestre para deleitarnos con un delicioso almuerzo. Atrás queda la nostalgia de un sueño cumplido: la montaña tiene más de siete colores por los minerales que la cubren, pero el paisaje es de ensueño.

 

 

Por. Aníbal Arévalo Rosero

fundacionecosofia@gmail.com

 

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