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Gran parte de la historia de la República de Colombia tiene como protagonistas a los generales caucanos y se descendencia. Desde Camilo Torres y Tenorio hasta Carlos Lemos Simons pasando por Joaquín Mosquera, José María Obando, Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López, Froilán Largacha, Julián Trujillo, Ezequiel Hurtado, Diego Euclides Angulo, Guillermo León Valencia y Víctor Mosquera Chaux, presidentes es lo que ha tenido el Cauca.

Como se puede apreciar la lista es larga y si bien los hay que gobernaron más de una vez como el general Tomás Cipriano de Mosquera y otros que lo fueron por unas horas, lo de tener en cuenta es la relevancia de la clase política caucana en las altas esferas del poder, más con tanto presidentes y ministros esta región también acumula años de abandono, porque como alguna vez un acucioso observador apuntaba del Cauca solo se podía decir que era lo que comprendían las haciendas de 4 familias que solo llegaban a verlas para pasar vacaciones.

Pese a que Popayán fue durante la Colonia y luego en la independencia y los años de la llamada patria boba una de las ciudades más importantes, pasada la primera mitad del siglo XX quedó sumida en la gloria y los abolengos que aun después del terremoto de 1986 pasean entre ruinas resistiéndose a desaparecer igual al fantasma de Canterville.

En Popayán no solo se detuvo hace ya mucho tiempo el reloj de su famosa torre, sino que con él su desarrollo que parece cumplir con la condena de no apartarse de las tradiciones en obediencia quizá al fervor religioso, responder a la obligación de respetar las nostalgias, en atención al capricho de la aristocracia que decidió un día enclaustrarse o emigrar para no ver el horroroso espectáculo de los pobres llegados de los confines del gran cauca tomándose las aceras de sus casas solariegas. Aunque el deseo por lo nuevo se convierta en un cauce que atropella mientras busca de cualquier manera avanzar así sea por la calle de los bueyes o la de la lomita.

Esos generales suyos tan activos en las guerras civiles y por lo mismo honrados por sus triunfos con el solio presidencial si bien lograron acceder al poder lo hicieron a costa del empobrecimiento del Gran Cauca, sacrificando su inserción a la economía mundial dándole la espalda a la gran industria y a las exigencias propias de un comercio que pedía vías para su implementación.

Estos terratenientes de mucho linaje y estirpe embriagados por las mieles del poder no entendieron, como sí lo hicieron los vallecaucanos que no dudaron en impulsar la construcción de la vía férrea y mejorar la fluvial por el río Cauca.

Los afines al insigne mascachochas prefirieron quedarse con el monopolio de la sal y el contrabando de armas antes que arriesgarse a un proyecto económico propio de la modernidad. Esa clase política autárquica es la que hoy debe salir a responder por el atraso y la miseria que parece no tener más dolientes que los campesinos y los indígenas obligados a permanecer aislados y ajenos al poder central al cual los amos de la colonia o los gamonales de la república accedieron para complacer su gusto por el boato sin que les importara para nada el porvenir de su gleba.

Aquellos que ven hacia el Cauca y se preguntan ¿por qué joden tanto esos indios? A lo mejor ignoran que su protesta no es de ahora ni de estos últimos años, sus quejas y reclamos no son más que la consecuencia del actuar de esa clase dirigente que no supo ni siquiera administrar sus haciendas y de tenerlas como abastecedoras de sus cocinas pasaron a dejarlas en el abandono, pero cuidando de no renunciar a su propiedad. ricardosarasty32@hotmail.com

 

POR: RICARDO SARASTY

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