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Miércoles, Septiembre 18, 2019 - 17:01

Nadie que piense y actúe racionalmente, albergaría en su mente y en su corazón la idea de volver a un conflicto armado, después de haber firmado la paz con el Estado.

Una decisión como la tomada por algunos ex desmovilizados de las Farc, que fueron referentes de esa guerrilla, no conduce a nada distinto sino a la guerra, que fue, precisamente contra su continuidad indefinida, que se hizo el proceso de paz, el que tanto costó sacar adelante.

Existe la clara sospecha de que los tres líderes guerrilleros de la antigua Farc, decidieron regresar a la clandestinidad de la que habían salido, porque saben que tienen una relación directa con el narcotráfico. Sin duda, como lo volverá a demostrar el tiempo, su principal motivación para volver a las armas es lucrarse, a manos llenas, produciendo y exportando coca a los Estados Unidos y a los mercados de Europa.

Entre tanto, para la galería nacional e internacional, se seguirán presentando como luchadores por la justicia social, bandera que hace muchos años perdieron, cuando se dejaron llevar más por la ambición que les despertó el negocio de las drogas, que por el ideario político con el que Tirofijo fundó a la Farc.

El Paisa fue el primero en regresar al monte porque, sabedor de que se había enriquecido a punta de secuestros extorsivos y más aún gracias al narcotráfico, no se sintió ni un momento tranquilo en las pocas semanas que duró su desmovilización.

Iván Márquez fue el segundo en tomar las de villadiego, pretextando el incumplimiento del Gobierno con la implementación del proceso de paz. Lo hizo a pocos días de haberse producido la captura de su sobrino Marlos Marín, con fines de extradición, a solicitud de una Corte estadounidense.

El tío sabía del amplio conocimiento que tiene el sobrino sobre sus oscuros negocios y sabe también que por más de que su familiar lleve la misma sangre, ante la posibilidad de pasar muchos años en una fría celda de dos metros por tres en una cárcel de Estados Unidos, bien podría cantar todo lo que sabe sobre los jefes de las Farc que han participado del negocio del narcotráfico, a cambio de beneficios jurídicos y protección para su familia.

Márquez nunca le perdonó al Secretariado de la organización guerrillera, no haber sido elegido como máximo jefe de la Farc, responsabilidad que sí se la otorgaron a un casi desconocido pero comprometido Timochenko, quien fue el reemplazo de Alfonso Cano.

¿Y Santrich? Este bandido de siete suelas, narcotraficante, recobró la libertad gracias a una leguleyada a la que acudió la Corte Suprema, que le permitió recorrer el país, burlándose de todos los colombianos que nos opusimos a la forma como se concibió el proceso de paz, porque sabíamos qué iba a pasar. Tomó rumbo a Venezuela, su refugio ideal, para reunirse con Márquez y El Paisa, que ya tenían listo el lanzamiento de la nueva Farc. Entre tanto, en el Congreso lo estaban esperando para que se posesione como representante a la Cámara y reciba los pagos que no había cobrado. Pobre país. Entre los tres lograron lo que no logró Uribe. Hacer trizas el proceso de paz.

Jaime Eliécer Calvache Terán

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