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Martes, Febrero 26, 2019 - 11:51

A pesar de que es tan grave la informalidad laboral en el país, de la cual no escapa Nariño, el Estado no se ha tomado muy a pecho esta situación, cuyas consecuencias socaban áreas sensibles del bienestar social de los colombianos.

Profundiza la inequidad, compromete la estabilidad de los sistemas de pensiones, pues cada día que pasa habrá menos gente aportando y los impuestos que sostienen el funcionamiento estatal, ya están flaqueando hace rato.

Y si Colpensiones se sigue asfixiando al no poder responder por la pensión de sus aportantes, la solución “mágica” será incrementar la edad de jubilación y, con ello, el número de semanas cotizadas, que ya va en 1.300.

Así mismo, si el Estado no tiene suficientes recaudos para atender sus inversiones y obligaciones sociales, la fórmula, invariablemente, seguirá siendo presentar al Congreso una reforma tributaria –siempre “estructural”, pero que se hace cada año- la que se ha empezado a disfrazar como ley de financiamiento.

La amenaza es clara: O aportan los que tienen que aportar, o nos aumentan los impuestos a los mismos de siempre, hasta niveles verdaderamente indecibles y nos seguirán incrementando las semanas de cotización hasta que realmente no tengamos esperanza alguna de que nos alcance la vida para pensionarnos.

Eso quiere decir que si los ciudadanos que trabajamos y aportamos vemos que desde el gobierno de turno hacen muy poco o nada por combatir y poner en cintura la informalidad empresarial y por ahí derecho la informalidad laboral, nos apretarán el cinturón, hasta que no podamos respirar.

Según el Dane, a junio del año anterior, la informalidad laboral en las 13 principales ciudades del país, entre las que clasifica Pasto, el fenómeno se ubicó en 46,8%.

Eso significa que estamos a menos de cinco puntos y a menos de tres o cuatro años para que en Colombia sean más las empresas informales que eluden impuestos y no cumplen con los pagos de ley a sus trabajadores, que las que cumplen con los mandatos de la legalidad.

También quiere significar que cada año, más colombianos ingresarán a ese universo de asalariados que son explotados y exprimidos por sus patrones, que se sienten con patente de corso para burlar los derechos laborales de quienes trabajan para ellos.

Cuando un gobierno no hace lo necesario por combatir la informalidad empresarial y laboral, está atentando, adrede, contra nuestra estabilidad económica y nos está haciendo víctimas en cada año, de una creciente inequidad social, porque no es justo que una minoría sigamos sosteniendo económicamente al país con nuestros impuestos que crecen como la espuma.

Y como el gobierno central y los entes territoriales siguen haciendo una débil y mediocre tarea de vigilancia y control de la informalidad económica, trabajar en ella se ha convertido en un negocio que mañana será más atractivo que hoy.

Ya son 5.8 millones de colombianos los que trabajan en la creciente carpa de la informalidad. La falta de capacidad de quienes tienen que combatirla, constituye el mejor estímulo y una directa invitación a los empresarios que hasta hoy hacen el esfuerzo de trabajar en la formalidad, decidan copiar el mal ejemplo.

Con ello, estamos permitiendo que crezca el número de jóvenes, quienes aun siendo profesionales, pasan años buscando una oportunidad laboral digna y ajustada a la ley. Entre septiembre y noviembre del año anterior el 16.1% de nuestra sangre joven sigue sin encontrar trabajo y más temprano que tarde se sumarán a la informalidad laboral y empresarial para sobrevivir.

 

POR: JAIME CALVACHE

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