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Sábado, Febrero 16, 2019 - 16:22

La afirmación que me sirve de título a la columna de esta semana no es algo novedoso. Nos lo dicen los sociólogos, los psicólogos, los estudiosos de la realidad humana desde el punto de vista personal y social. No es novedoso, porque es lo que encontramos todos los días, por donde quiera que caminemos. Son esos contrastes que nos sacuden en lo más profundo, sobre todo cuando no encontramos respuesta lógica, sino que debemos asumir una actitud casi que de conformismo, porque la solución no está al alcance de nuestras manos.

 

El texto de Lucas que se nos presenta en el evangelio es un ejemplo de esos contrastes a los que me he referido más arriba. Está presentado en clave de felicidad y desgracia. Son los criterios del mundo, de lo fácil, de aquello que la gente busca como su satisfacción y meta en la vida. Contrasta con lo que Jesús propone como camino de la felicidad. Es lógico que el ambiente en el cual nos movemos no entiende esa dinámica porque no está de acuerdo con lo que se nos está vendiendo e inculcando de diversas maneras. Al fin de cuentas, es cuestión de opciones, de decisiones y entra en el campo de la libertad de cada persona.

 

Veamos lo que es popular, lo que llama la atención. Se habla de “los ricos, de los que están satisfechos, de los que ríen y de quienes son alabados por todo el mundo”. Ante estas cuatro actitudes Jesús exclama “ay de ustedes, porque ya tienen su consuelo, porque tendrán hambre, porque llorarán de pena, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas”. En síntesis no todo lo que brilla es oro, como dice el refrán, la felicidad no está en el tener, no es ese el camino que Jesús propone. Sin embargo, hay muchas personas para quienes la riqueza, el prestigio y otras cosas se constituyen en valores fundamentales.

 

Por otro lado, en la primera parte del texto aparece el contraste “dichosos ustedes los pobres, los que ahora tienen hambre, los que ahora lloran, cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre” es lo que propone Jesús a sus discípulos y, en ellos a nosotros. Las razones son claras “de ustedes es el reino de Dios, serán saciados, al fin reirán, alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas”. Es un camino muy distinto, es un nadar contra la corriente, por decirlo de alguna forma. Eso no es popular, no es atractivo. Es el camino de la verdadera felicidad, la que se construye sobre la base del ser y no del tener.

 

Claro está que esto corresponde a las opciones y decisiones personales. Es cuestión de cada uno. Vale la pena preguntarse sobre qué base está construida nuestra vida, cuáles son los valores que la orientan, qué consideramos como prioridad y por cuáles valores estamos dispuestos a jugarnos el todo por el todo. Esa es la clave y ahí está el secreto para ser capaces de superar esos contrastes, esas contradicciones existenciales que nos afectan y que no podemos ignorar o pretender acallar. ¿Cuál es tu respuesta? ¿Dónde está tu corazón?

 

Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

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