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Domingo, Mayo 13, 2018 - 11:27

Quién no le ha cantado, le ha hecho odas, ha llorado o expresado hasta los más profundos sentimientos por la madre. Pensamos que todos los hijos que reconocemos el valor de ese ser único en la naturaleza, pero hasta qué punto esas demostraciones de afecto son producto del mercantilismo, modelos y necesidades que nos crea el comercio para vender todo lo que no se vende sin publicidad.

Como contrastan esas imágenes de felicidad, de calor de hogar y satisfacción que observamos en los comerciales de televisión o los que se anuncian por otros medios de comunicación, con esa cruda realidad de las madres abandonadas en las calles a merced de la caridad o esa mujeres que las tenemos en nuestros municipios nariñenses obligadas a correr con sus hijos para salvar sus vidas, producto de los desplazamientos forzados que genera el conflicto armado, cada vez más intenso e implacable.

No podemos desconocer que nuestros comerciantes se benefician del Día de la Madre y que cada año se enfocan en vender más y eso están bien porque también ayudan a mejorar la economía, pero en este editorial planteamos sobre el verdadero amor y no ese que nos fabrica en los avisos o campañas publicitarias. 

El Día de la Madre nos acordamos de quien nos dio la vida y si la tenemos viva le llevamos regalos y si por el contrario se fue, llenamos los cementerios de flores, expresiones que son oportunistas porque el resto del año poco nos preocupamos de ellas y les decimos lo importantes que son para nosotros, pues los homenajes son ahora cuando las podemos tener y no frente a un epitafio en donde con seguridad nos lamentamos por no haber compartido momentos cotidianos, al menos para agradecerles el hecho de traernos a este mundo y darnos el cuidado para sacarnos adelante.

Hoy mientras celebramos en familia, muchas madres cerca de nosotros se enfrentan a dramas de la guerra, la pobreza, trabajos extremos, en medio de humillaciones, discriminación y abuso e igual de lamentable, al olvido de sus hijos.

Nuestras madres son más que el sentido mercantilista de llenarlas de objetos, son esas luchadoras y colosales que pueden manejar al mismo tiempo la fortaleza, la disciplina para formar a su familia, la ternura de mamá y el amor de mujer. Al contrario de verlas como objetos comerciales luchemos por la reivindicación de sus derechos para que tengan iguales oportunidades que los hombres en la sociedad en lo laboral y frente a la justicia.

Cómo podemos celebrar el Día de la Madre si en este país 6.219 mujeres han reportado algún tipo de amenaza, de las cuales 1.658 son catalogadas críticas. El 50% de las intimidaciones provienen de compañeros sentimentales, el 30% de exparejas y el 10% de esposos y novios, o los feminicidios que dejaron 399 víctimas en solo un primer semestre como ocurrió en el 2017. El año anterior se registraron 100.

Hemos desviado tanto la celebración a las madres, que el día del festejo aumentan los hechos de violencia porque son los hijos o esposos los que celebran consumiendo bebidas embriagantes y terminan en tragedia por conducir borrachos o haber participado en riñas. Ese día se reúne toda la familia, pero ponemos a mamá a sufrir por nuestras imprudencias y excesos e incluso ella se ve obligada a trabajar más, porque debe cocinar para un batallón de hijos, nietos y nueras y ese día, el de su celebración queda postrada del cansancio.

Por encima de todo está nuestra madre y el amor que le demostremos debe ser todos los días con respeto y brindándole regalos verdaderos, como nuestro incondicional respaldo, lealtad y la garantía de que dónde estemos y como estemos, no la vamos a olvidar.

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