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Domingo, Mayo 6, 2018 - 22:24

Uno de los hechos que me hicieron comprender en profundidad la profesión del periodismo sucedió hace 35 años, apenas seis días después de que se fundase este DIARIO DEL SUR en Pasto: el terremoto de Popayán.

 

Ese terremoto fue tremendo. Sucedió el jueves santo de ese año y arrasó con la ciudad. Quienes estábamos en Pasto quedamos impactados y de inmediato se dio la alerta y se pidió solidaridad. En las calles se preguntaba quien quería ir a ayudar, y hubo mucho voluntario que, con más determinación que técnica, se subió en camionetas que salieron para allá durante todo el día siguiente.

 

Más allá de las víctimas, el terremoto, decían, había dejado cerca de 1.700 casas destruidas, entre ellas la sede del diario El Liberal, el único que había en el Cauca y cuya plantilla, que no era numerosa ni mucho menos, formó un comité de emergencia. Así, con máquina de escribir en mano se pusieron a trabajar a pie de calle. Las hojas, tal cual iban saliendo, se metían en sobres de manila, junto a los rollos de fotos, y un mensajero los llevaba a Cali para que se levantara e imprimiera un tabloide de carácter extraordinario en las rotativas del diario El Caleño.

 

El periodismo fue, en ese momento, un oficio y profesión de vocación heroica para todos los que habíamos comenzado la carrera. Lo sucedido con El Liberal marcó a aquella generación y le hizo sentir que informar no era simple cuestión de gusto sino de necesidad. Ese tabloide daba cuenta de los sitios de acogida, de los centros de acopio, de los lugares de atención y daba consejos de qué hacer ante una emergencia de tal magnitud.

 

Pasto en 1983 pasaba por una situación informativa centrada en la radio. La llegada de DIARIO DEL SUR supuso cubrir un vacío y entrar, de alguna manera, en el establishment de la información periódica nacional. No teníamos presencia en Andiarios, muchos menos en la junta directiva que presidía Álvaro Lloreda, de El País.

 

Lo que nos llegaba era lo que los corresponsales escribían. Los periódicos de Bogotá llegaban en el vuelo de Intercontinental de las 10:30 de la mañana y hasta el mediodía los puesticos esquineros de la carrera 23 no funcionaban. Pasto tenía tradición periodística. Nuestra historia está llena de diarios y semanarios que circularon con bastante y escaso éxito, pero hubo muchos.

 

Lo que hizo falta fue dinero y decisión a la hora de continuar, porque si algo tiene esto; porque si algo tiene el periodismo es que no todas las épocas son de vacas gordas. Por el contrario, abundan las de vacas flacas y hay que tener mucha resistencia anímica para seguir adelante. El actual editor, Oscar Giovanni Torres Villota, es un ejemplo de constancia y sé, que él ha sufrido en carne propia unas cuantas situaciones extremas que lo han tenido entre la vida y la muerte.

 

Esta vocación heroica del periodismo persiste todavía, 35 años después, aunque de otra manera. La información online, los medios digitales y las redes sociales, hacen que funcionemos de otra manera, que pensemos de otra forma; pero hay que seguir saliendo a la calle para cubrir la información, y eso no nos hace exentos de la violencia y de los desastres naturales. Chapeau por los periodistas del Diario.

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

 

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