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Sábado, Octubre 8, 2016 - 10:41

Cómo le duele a una persona la falta de agradecimiento por parte de otra u otras personas. Es algo que no se logra entender fácilmente. Aunque decimos muchas veces que hacemos las cosas sin esperar recompensa, retribución o reconocimiento alguno.

Sin embargo, duele. Y más cuando esa persona es alguien muy cercano y, por lo tanto, se esperaría alguna expresión de agradecimiento. Es tan fácil decir “gracias” con el corazón y podemos alegrar la vida de otras personas.

El evangelio nos presenta situaciones semejantes que no podemos dejar pasar por alto, que vale la pena analizar y reflexionar sobre las enseñanzas que nos dejan. Son lecciones de vida.

En la cultura del pueblo de Israel en tiempos de Jesús, los enfermos de lepra eran marginados de la sociedad, debían vivir apartados, separados de los demás. Más aún, debían hacer sonar una campanilla para que las personas sanas se apartaran de ellos, para no contaminarse. La exclusión era algo injusto a todas luces, pues no era culpa de nadie estar enfermo de lepra.

Esa situación llegó a nuestros días en la forma de los dos sitios donde debían “confinarse” los enfermos de lepra. Eran Agua de Dios y Contratación en nuestra patria. La enfermedad aislaba y discriminaba.

Sin embargo, Jesús asume otra actitud. Escucha el clamor de estos hombres, quienes a lo lejos gritaban “Jesús, maestro ten compasión de nosotros”.

En el texto no aparece que dijeran que los curara, pero lo entendemos por el contexto. Su petición era profundamente humana, no querían seguir siendo excluidos, marginados y aislados. Curiosamente, Jesús no los toca, cuál sería la razón, no lo sabemos, pero les dice “vayan a presentarse a los sacerdotes” conforme a la tradición. En el camino quedan curados de la lepra.

Sin embargo, la historia continúa, solo uno y que no era judío, era samaritano, que no tenían buenas relaciones con los judíos, regresa, alaba a Dios, agradece el don recibido. Las preguntas de Jesús no se hacen esperar “¿no eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?”

Se percibe en esas preguntas una carencia de parte de los nueve curados de ese sentimiento noble llamado gratitud. Son, como decimos en el lenguaje coloquial “unos mal agradecidos, unos desagradecidos”. No reconocen y no agradecen el bien recibido. Pareciera que hubieran recibido algo que les correspondía en derecho, cuando el beneficio era claramente una gratuidad, un don no merecido.

 

Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

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