Cuando el Gran Cumbal habla…

Carlos Santa María.

Las amenazas se ciernen en Colombia desde todos los frentes: impuestos a la clase trabajadora con una reforma tributaria implacable, corrupción en el más alto grado que corroe a la sociedad, dominio total de los medios de información con un cerco a la libertad de prensa, radio y televisión. Ahora, además de no apoyar al campesino agobiado por deudas y precios altos y un sinnúmero de golpes, se intenta implementar con compañías euroamericanas la destrucción de la vida natural y el territorio.

La amenaza de la mega minería ha afectado a Colombia desde hace décadas, aunque es en estos últimos gobiernos que se ha develado la participación de las élites dominantes amparadas por el Estado las que se han infiltrado de manera sigilosa pese a que han sido descubiertas. Cabe mencionar la gran respuesta dada en Arboleda y municipios vecinos obligando a huir a compañías destinadas a explotar los recursos auríferos en dicha zona.

Esto ha afectado al Gran Cumbal y la inmensa movilización por la vida y el territorio del miércoles 15 de septiembre uniendo a los resguardos indígenas de Cumbal, Panán, Chiles y Mayasquer, junto a delegaciones de Ipiales, Guachucal, instituciones educativas, campesinado y movimientos sociales comprometidos como Colombia Humana Humanables, entre otros, han hablado: la madre tierra se respeta.

 

"No a la minería, a la destrucción del patrimonio cultural, al despojo de las tierras ancestrales ni al ecocidio. Nada puede detener esta determinación”.

 

La argumentación denuncia que la sobreexplotación de los recursos naturales provoca deterioro ambiental  grave ya que la minería es una industria altamente contaminante que afecta el agua, suelo, aire, biodiversidad, paisaje, cultura, existiendo actualmente 16 solicitudes de concesión minera adelantados por la Agencia Nacional de Minería y la empresa Camino Real S.A. para extraer cobre, oro, platino, plata y sus concentrados, más el intento de despojo de 47.316 hectáreas que corresponde  a la mitad de Cumbal.

El rechazo fue contundente brotando de las entrañas de la tierra, expresadas en la voz de su digno pueblo: No a la minería, a la destrucción del patrimonio cultural, al despojo de las tierras ancestrales ni al ecocidio. Nada puede detener esta determinación.

Por: Carlos Santa María

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