De lo efímero de un aumento salarial

Ricardo Sarasty

Escribió el poeta Julio Zaldumbide un día: “Empero, ve de un soplo disipada / tanta hermosura ¡Efímero primor! / ¿Qué ves ya de la flor? El tallo. Nada, / porque en no habiendo pétalos, no hay flor.” Muchos, por no decir todos los poetas se han ocupado de definir con sus versos lo efímero para ello han comparado las flores, el humo, las olas, la luz del día, la juventud y hasta la vida misma. En un ejercicio de reflexión profunda han tratado de mostrar que nada es eterno, que hasta lo más fuerte tiene su ocaso y fin y unos llamando al optimismo proponen disfrutar al máximo todo cuanto se encuentre y obtenga antes de ver como se desvanece sin haber gozado de su belleza y delicia. En la orilla opuesta los pesimistas mandan a ver en lo volátil la mentira que siempre cobra caro el creer en véngalas, precisamente, por lo efímero de la dicha que produce.

Lo efímero lo define la RAE como lo opuesto a lo duradero, lo perdurable y si se quiere lo eterno. Para ilustrar su significado igualmente acudiendo al decir de los poetas, encontramos como ejemplo de lo inacabable el amor ideal, para Borges el tiempo que siempre va, para otros el dolor que contrario a la fortuna llega para quedarse así sea como recuerdo del disfrute de un corto sueño, y para la mayoría nada más duradero que la muerte. Ya quisieran los humanos, los únicos seres que mueren por ser conscientes de su paso fugaz por este mundo, que muchas de las cosas que tiene y sienten fueran imperecederas, más sin embargo para su infortunio no lo es así. Un claro ejemplo de este deseo y sentir sucede todos los diciembres y eneros, al menos en Colombia, en donde se comienza con un ritual celebrado por representantes del gobierno, los trabajadores y los patrones, lo llaman negociación del salario mínimo. Se trata de ponerse de acuerdo, durante un corto plazo, en la cantidad de dinero que deben de ganar los asalariados, de no lograrlo el presidente decide y decreta.

Cada año los obreros y empleados medios llegan con los restos de un salario cuyo valor se deshace día tras día en el transcurso de los 12 meses. Entonces se comienza a esperar que el aumento de los ceros en la nomina para cada empleado sea mejor que el del año pasado, para que su disfrute resulte más duradero, que alcance para cubrir todas las necesidades y no tener que ir a donde el agiotista a agrandar más la deuda. Pues si hay algo que aplica para ejemplo de lo interminable es el pago de los créditos a los cuales se está obligado a recurrir como único medio de poder obtener un dinero que dura poco y alcanza para menos porque que cada vez su valor real es más fugaz. No obstante, siempre encuentran los tecnócratas de la economía argumentos con los cuales justificarlo como aquel que recomienda que no sea mayor a la inflación proyectada o el que manda a tener en cuenta la inflación con la que se termina el año y el que pone a observar que exceda el índice de precios al consumidor. Pero el más utilizado y mentiroso es el sofisma que responsabiliza al alza de los salarios el desempleo, como si en el país el mayor porcentaje de trabajadores no se ubicaran en la informalidad en donde ganan a destajo, ya sea por obra entregada, cantidad de mercancía vendida o por día trabajado. 

Porque si el valor del salario, así sea de un millón ciento diez y siete mil pesos, es un buen ejemplo de lo efímero, lo es más el empleo.

Por: Ricardo Sarasty.

 

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