El plagio es inmoral

Ricardo Sarasty

Todo acto que atente en contra de la dignidad de una persona solo puede considerarse inmoral, aparte de como la ley lo juzgue. El plagio ha de contemplarse entre los actos que tienen como propósito engañar, saltándose la norma para alcanzar lo que de manera honrada le exige al sagaz, el esfuerzo que muchos enfrentan solo que sin resultados tan jugosos como los alcanzados por el embustero bien apalancado. Porque de eso se trata en una sociedad laxa moralmente, ganarlo todo sin merecerlo, pasar por encima de los honestos y desde arriba despreciarlos por tener el pundonor que al bribón le falta. Pero nada más injusto que lo que a otros les ha costado, junto al dinero, tiempo y energía obtenerlo, les sea dado a aquellos que únicamente buscaron donde comprarlo por la puerta de atrás del establecimiento, demostrando que poco valen las cualidades mentales, físicas y morales cuando se cuenta con el poder que da el dinero, ahí en donde él que ha sido capaz de demostrar que cualquier conciencia es posible de ser negociada manda.

No hace muchos años en una Institución Educativa de Bachillerato se puso al descubierto como un hijo perteneciente a esas familias que suelen calificarse como de prestigio social, se atrevió proponerles a los profesores que le vendieran los exámenes por adelantado, pero también en días recientes fue noticia el que un funcionario de una alcaldía falsificó los títulos con los cuales el sustentó ser idóneo para los cargos que desempeño. Claro está que para más de un colombiano este tipo de conducta dolosa  no es más que un simple pecadillo así le haya servido para ganar lo que nunca debió pertenecerle y mucho más. Es que se convirtió en normal el timar, tanto que aquel que no lo hace es visto como bicho raro, pues se enseña desde niño que existen pequeñas mentiras con las que suelen disculparse desde los daños causados hasta el dolor infringido. Incluso más que enseñar valores como la rectitud se adiestra para saltarse los controles y a buscar torcer la suerte para que sea buena permitiendo pasar inadvertido y evitar así el ser sido pillado.

No sancionar estas actuaciones y peor aún celebrarlas pone en peligro todas las instituciones y con ellas el bienestar de todos los ciudadanos. Pues sucede que los que acuden a este tipo de prácticas no cuentan con los mínimos escrúpulos que les permita detenerse a pensar en el daño que puede causar con su comportamiento, mucho menos en que tanto es justo el que se beneficien de un resultado sin haber trabajado para él. En todo aquel plagia, falsifica, miente o se apropia de lo que bien sabe que no le pertenece no existirá nunca eso que llaman remordimiento de la conciencia, lo han hecho tantas veces y con tan buenos resultados que su conciencia luce mueca y por lo mismo incapaz de generarle la mínima incomodidad, por lo tanto la sociedad debe de sentirse en peligro constante ante la amenaza de tener que rendirse a esta clase de plaga.

Pero estamos en un país en donde se convierte en dolor nacional el que a la selección de futbol el árbitro no le haya pitado las faltas a favor, permitiendo que el equipo contrario gane con trampa, según se comienza a decir después. Allí y solo entonces la trapisonda se califica de grave y deshonrosa, actitud que no se observa igual cuando se demuestra la comisión de un fraude en otras instancias, tanto del ámbito público como privado. Porque poco o nada importa el que quien hace la maroma para omitir cualquier control se lleve por delante el sentido original del Derecho, hacer que los hombres ajusten su comportamiento al cumplimiento de la norma.

Por: Ricardo Sarasty

 

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