El populismo de Petro
Luis Eduardo Solarte Pastás

En Colombia término populismo está de moda, tras el proceso electoral que se presenta hacia la presidencia de República. Y, prácticamente, esa palabra es utilizada para identificar y calificar al candidato de la izquierda radical del Pacto Histórico, Gustavo Petro, como populista, debido a las propuestas de gobierno que plantea.

Sin embargo, hay quienes atacan o defienden a Petro de ser o no ser populista, sin que muchas veces se tenga mayor conocimiento del alcance que tiene dicho vocablo dentro de un Estado Social y Democrático de Derecho como el colombiano.

En ese entendido y con la finalidad de saber y conocer en qué consiste el populismo, es bueno saber que su origen “surgió en Rusia en el siglo XIX, aproximadamente en la década de 1870, cuando se alzó un movimiento político bajo el nombre de Naródnichestvo, de cuya traducción derivó la palabra populismo”.

En ese entonces, dicho movimiento político ruso se apoyó en la creencia de que quienes se consideran socialista debían aprender del pueblo antes de tomar el poder.

“Posteriormente, el sentido de la palabra populismo tomó una connotación negativa, incluso, de amenaza política. Esto se debe a que el populismo busca obtener el mayor porcentaje de seguidores por medio del enfrentamiento de las clases sociales”.

Con el transcurrir del tiempo se llegó a entender por “populismo una postura política que busca, a través de diversas propuestas y estrategias políticas, económicas. Sociales y culturales, obtener el apoyo de las clases populares”, so pretexto de alcanzar el bienestar común de los ciudadanos. Y para alcanzar este objetivo, sus líderes o dirigentes se valen de propuestas falsas sobre la transformación institucional existente.

Por lo general tales iniciativas derivan de representantes de partidos políticos de izquierda, quienes en la mayoría de los casos no logran los cambios planteados y, por el contrario, sus líderes políticos solo buscan saciar su deseo por permanecer en el poder tanto tiempo sea posible. Un ejemplo de esto a nivel latinoamericano es lo acontecido en Nicaragua y Venezuela.

En nuestro país, aunque Gustavo Petro no es presidente ni ha cambiado el rumbo del Estado, sus propuestas, según un artículo publicado en el periódico El País de España, han conllevado a que se lo “tilde o se lo haya reducido a la figura unidimensional de populista de extrema izquierda, a pesar de que él mismo se autopercibe como el artífice de la política de la vida y el amor”.

A juicio del politólogo de la Universidad de Antioquia, Fredy Alexander Chaverra Colorado, la derecha y centro derecha muestran a Gustavo Petro como “la viva encarnación de los peores populismos, lo presentan como un mentiroso y expropiador patológico; además, le endilgan una matriz mediática, superficial y engañosa…asociada a una segunda Venezuela (antiguo castrochavismo ahora advenido en neocomunismo)”.

Y, en ese sentido, Chaverra Colorado, agrega que “si Petro, llega a la presidencia se empeñará en seguir el libreto de la revolución bolivariana; es decir, la destrucción de las instituciones como primer acto y su perpetuación en el poder como corolario”.

Así que, si se quiere evitar que todo eso suceda, la decisión en las próximas elecciones está en manos de los demócratas.

Por: Luis Eduardo Solarte Pastás

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