Jóvenes, de espaldas al campo

Sofonías Rodríguez.

Hoy es una realidad viviente. Nunca antes pasó por la imaginación de las comunidades rurales conocedoras que desde hace años la agricultura viene soportando a más del poco o ningún apoyo del estado, toda una serie de dificultades donde sólo los campesinos de natural vocación siguen padeciendo la problemática que cada día se agrava y para la cual no se ven alternativas de solución.

Hasta el siglo pasado se conservaba el legado que los mayores dejaron a sus hijos casi como a manera de mandato: continuar en las mismas labores del campo entregados de tiempo completo y con entera dedicación a labrar la tierra. Era como una especie de sentencia que la cumplían los jovencitos al pie de la letra, condición que además se convertía en el mayor orgullo de los mismos.

 

"En esta época se nota a leguas que no hay cambio generacional y ese trabajo de campo (quién lo creyera) continúa en manos de adultos mayores entre 70 y 80 años”.

 

Aunque todavía pueden haber casos de mantener esa tradición, en una gran mayoría los adolescentes que conocen el sacrificio constante de sus padres en el desempeño de su arduo y demoledor trabajo, hoy influenciados por medios electrónicos y tecnológicos, nada quieren saber de una labor tan desgastante y cruel que en todo tiempo ha sido mal pagada.

El joven de ahora tiene una concepción muy distinta de lo que piensa su familia, amigos y vecinos. Es consciente de que con visión futurista cobra mayor validez e importancia terminar primaria, seguir estudios de bachillerato y posteriormente matricularse a una carrera profesional. En esta época se nota a leguas que no hay cambio generacional y ese trabajo de campo (quién lo creyera) continúa en manos de adultos mayores entre 70 y 80 años.

Con ellos el trabajo iba de siete de la mañana a cuatro de la tarde extendiendo en ocasiones el tiempo para terminar una siembra o cosecha. Actualmente los patronos dicen que ya en el horario no mandan. Los jornaleros encargados del cuidado de los cultivos imponen a su criterio el tiempo necesario para un trabajo que generalmente va de siete a dos de la tarde.

Por estas zonas tropicales en donde hay plantaciones de caña, de café, plátano, yuca y frutales, ha llegado tanta la urgencia de buscar trabajadores, que ya en varias fincas han debido recurrir a las mujeres que de tradición sólo llegaban a estos lugares como colectoras de café. Hoy muchas de ellas cumplen labores en trapiches, en la deshierba y otros menesteres de la agricultura con una gran solvencia, pero además con mucha puntualidad.

Pero para los próximos años ¿qué será de nosotros sin quien cultive los campos?

Por: Sofonías Rodríguez Montezuma

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