La corrupción y otros demonios
Manuel Rosero

En los últimos días se dio a conocer un audio de la conversación entre el senador Mario Castaño y un tal Juan Carlos Martínez, que al parecer funge como asesor (es decir, el que le hace las vueltas) y ahí uno entiende la índole o mejor, la ralea, de la clase dirigente de este país. Porque si a uno no le advierten que se trata de un senador, pensaría que es el diálogo entre dos gañanes de lo más normalitos.

En estos audios este padre de la Patria y su lugarteniente, se tratan de “gonorrea” y “marica” para arriba, se cuentan sus andanzas nocturnas y etílicas mientras cuadran agenda y reparten contratos.

Y uno se pregunta, ¿en qué momento la clase política de este país se degradó tanto? O es simplemente el reflejo de lo que somos como sociedad. “Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”, dijo el filósofo Joseph de Maistre. Senadores como el señor Mario Castaño, con su dialéctica mafiosa son el producto de esta sociedad que hiede, que trafica, que roba. Ni más ni menos, nadie se sorprende, no sentimos el olor pútrido de la descomposición, porque estamos untados.

Desafortunadamente todos estamos indefectiblemente untados de la corrupción, porque como sociedad la hemos ido produciendo, día tras día, año tras año, gota a gota, como una baba repugnante. Y no hace falta robar millonadas como estos pícaros, la corrupción se va enquistando en los pequeños actos cotidianos, en la mentira de cada día, en la falta de palabra, en la deuda que no se paga, en la avaricia, en la falta de ética.

Y lo más preocupante es que nadie le importa. La gente está más preocupada por el mensaje que el cantante puertorriqueño Residente le envío a nuestra “gloria” musical J. Balvin. Eso es más viral, más explosivo. Castaño y su banda no van a recibir una golpiza en la calle como el raponero que a punta de cuchillo le quita el celular a una desprevenida joven.

Y seguramente no pisará la cárcel, alguna pena mínima cumplirá en una casa que imagino cómoda hasta el lujo, y a la plata que se han birlado mejor echarle la bendición. Y cuando todo se olvide, volverán a encumbrarse, de eso no hay duda. Este escándalo quedará solapado por otro de mayor calado.

De todas maneras la codicia es cosa seria. La gente no se conforma con nada. No es suficiente un buen puesto directivo, con 7 u 8 millones de pesos mensuales. No. No es suficiente, no es suficiente un carrito normal, no, hay que tirar de lujo. Y los hijos no pueden ir en taxi, motorratón o bus a clases. No señor. Y nada de juntarse con la gentuza de las universidades públicas.

Por: Manuel Antonio Rosero Trejo

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