Las fake news en política

Anibal Arévalo

Las noticias falsas existen desde el mismo momento en que surgieron las comunicaciones; tienen la intención de obtener beneficio o ventaja frente a lo que cada cual considere prioritario. Como sabemos, el ser humano es sociable por naturaleza, y por ello busca siempre interactuar en sociedad. También somos seres racionales, y como tal buscamos la perversidad. Esto conlleva a la búsqueda de patrones en el caos, que vayan de acuerdo con lo que nos gusta creer. Ese afán de lograr la ventaja a cualquier precio, lleva a muchos a crear las fake news.

En la actualidad las redes sociales han tomado una fuerza enorme, que permite incidir en nuestro circulo social, conformado por personas que piensan como nosotros mismos. Por lo tanto, el panorama mediático ha cambiado en los últimos tiempos en la forma en que la ciudadanía ha pasado de configurarse como público de los medios de comunicación a un creador y difusor de contenido.

Las noticias falsas en política son creadas por personas que no son afines al candidato calumniado; y lo que se busca es incidir en una imagen de descredito de quien es objetivo del propósito calumniador. Lo que se debe tener en cuenta es que la repetición constante de ese tipo de desprestigios, puede incidir en una franja poblacional que no tiene formado un criterio con el suficiente aplomo que permita sentar una posición, y, antes, por el contrario, lo pueden asumir como un hecho la totalidad del contenido de la falsa noticia.

Según investigaciones adelantadas por la agencia española Servimedia, el 8 por ciento de las personas cree en las noticias falsas. En las campañas de Donald Trump se promovieron las fakes news como un mecanismo para generar favorabilidad, pero no se vio la eficacia cuando el personaje tiene una apreciación previamente establecida (que lo favorece o lo desfavorece).

La mentira política alcanza el doble de la difusión frente a las fake news de cualquier tipo. Una de las razones fundamentales radica en la polarización, por lo tanto, la rivalidad lleva a enardecer los ánimos, valiéndose de la falsa imagen del opositor político, acrecentando así el antagonismo. En estos escenarios son muy bien apelados los odios. La desfiguración es tal que se llega a contratar personas como bodegueros, que asumen su compromiso de estar alimentando las redes sociales con la reiteración del odio al líder que está en la mira.

A ello se suman los ‘bots’ o robots virtuales que son programados para que estén alimentando las redes sociales de mensajes de animadversión, direccionados a un determinado personaje. Se valen de cuentas falsas en las cuales se busca despertar la rabia del seguidor. Al manifestar rechazo o apoyo, se contribuye a mantenerse visible la falsa noticia por más tiempo. Es por ello que no es recomendable comentar las noticias cuestionables, para no mantenerlas vigentes. Se les denomina cámaras de eco a los que propician la repetición mediante los comentarios que alimentan las peleas o los comparten como si estuvieran preocupados por la situación del país.

Desde la psicología se afirma que las personas aplican un sesgo de confirmación a su pensamiento y prefieren creer lo que ya creen. Les requiere un esfuerzo mental excesivo cambiar de opinión. Esto quiere decir que no es muy fácil que los bulos puedan modificar la manera de percibir a un líder político, se requiere que haya hecho una acción de gran impacto que lo desprestigie; que sistemáticamente se vaya ganando la animadversión del elector.

Por donde lo quiera ver, adelantar campañas políticas con base en fake news es un acto infame, cuando de manera deliberada se destruye el honor de un líder, se confunde al electorado y calumnia un proyecto político. Es por ello que se lo debe considerar como un aleve golpe a la democracia, puesto, que se atenta contra las libertades, el buen nombre y la libre expresión de la persona.

Las calumnias solo contribuyen a polarizar la opinión pública, enardeciendo los ánimos, dividiendo a la ciudadanía y las familias; destruyendo las buenas costumbres y los valores; niegan la posibilidad de construir una patria digna.

por: Aníbal Arévalo Rosero

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