¡Que se abra la frontera!

Manuel Eraso

Ismael Botina popular maestro Buchón, ahora, con motivo del día del amor y la amistad, se voló para los lados del Ecuador, a visitar una novia que tiene por esos lados, para festejarla y de paso meter de contrabando lo que siempre nos ha gustado traer: cobijas tres tigres, galletas en forma de animalitos, manteca vegetal, tostado, huevos, aceite de cocina, galletas amor y otra serie de chucherías que nos encanta contrabandear, así sean más caros.

Se llega al puente internacional de Rumichaca, que a propósito ya no debería llamarse así, por rumi-chaca significa puente de piedra y el actual es moderno. Allí en línea divisoria permanecen los agentes del Ecuador, durmiendo y cuidando un palo que no deja pasar a nadie. Un año y pico con la frontera totalmente cerrada; sin embargo comienzan a aparecer los famosos “coyotes”, que le ofrecen sus servicios profesionales de hacerlo pasar por las trochas. Llueven las ofertas, que venga por acá, que lo pasamos por allá, es decir, esa frontera tiene tantas rendijas por donde pasar que los contrabandistas se mueren de la risa.

Una muestra de que el paso fronterizo vía contrabando está muy activo es el mercado de Bomboná en Pasto, donde los productos de fabricación ecuatoriana están en todos los puestos de venta, pero, mucho más costoso porque el paso clandestino hace demorado y riesgoso el negocio. Antes, cuando estaba abierta la frontera solo bastaba el soborno oficial y pasaba. Ahora, toca pagar a cuatro o cinco coyotes que lo llevan por ríos y quebradas cargados al hombro las maletas.

En resumen, de nada sirve que el gobierno ecuatoriano mantenga cerrada su frontera si por las rendijas está pasando todo lo que se antoje. Por los lados de Carlosama se pasa a ojos vista de los agentes oficiales; por el lado de Cumbal, zona de Chiles de donde es el embajador Manuelito Enríquez Rosero, la gente pasa en camionetas y carretas sin novedad alguna.

El pretexto de no abrir es el miedo al contagio del Covid-19, pero, es mucho más peligroso este sistema clandestino de atravesar trochas, unas muy peligrosas. Como si fuera poco, cada camino tiene dueños y peajes, son mafias las que manejan el tránsito de personas y mercancías.

Y como la necesidad tiene cara dura, a mucha gente que por obligación tiene que viajar por esos pasos peligros, no le importa pagar lo que sea, con tal que lo lleven de un lado a otro.

Este martirio es para los pobres, porque los ricos, van hasta los aeropuertos de Quito o Guayaquil y tranquilamente viajan hasta Cali o Bogotá. ¡Qué injusticia!

Las cosas evolucionaron, los cambistas que antes llovían ofertando dólares, hoy son los coyotes, peleándose los clientes para llevarlos por las trochas sin ningún control.

Señor embajador Manuel Enríquez Rosero, hágale conocer este absurdo al señor Presidente del Ecuador, para que abra la frontera. Más cuesta el caldo que los huevos.

Por: Manuel Eraso

Category