Revivir el amor primero
Juan Carlos Cárdenas Toro

El evangelio según San Juan 21,1-19 parece mostrarnos este 3º Domingo de Pascua a los discípulos volviendo a las actividades que tenían antes de seguir a Jesús.

En ese contexto Jesús se aparece y les ayuda a recuperar el amor primero que se ha ido apagando. Para revivir este amor, el evangelio nos da algunas claves.

 

1. La fuerza de la Palabra

En esta tercera aparición, la palabra de Jesús reactiva la fe quebrantada de los discípulos. Al «echar la red» donde él sugiere y encontrar resultado, los discípulos vuelven a creer. Su respuesta así lo indica: «¡Es el Señor!».

Volvamos también nosotros a la Palabra. Reencontrémonos con su fuerza que levanta y fortalece la fe a medida que vamos decayendo. Recuperemos espacio para la lectura orante y contemplativa de la Sagrada Escritura hasta que Jesús sea verdaderamente «El Señor» de nuestra vida.

 

2. Compartir la vida con Jesús

Un detalle muy interesante de este relato es la invitación que Jesús hace a los discípulos a comer con él. El texto sugiere que Jesús mismo les preparó pescado asado.

Es el llamado a compartir con él la vida, tal como lo hacía en su vida pública. Con su llamado, Jesús da a entender que la resurrección no ha cortado el camino que comenzó con los discípulos.

Jesús quiere que también nosotros hoy compartamos con él la vida. En el banquete eucarístico, pero también en la cotidianidad. Jesús no puede ser un extraño o un personaje de encuentros ocasionales sino un compañero permanente en todos los momentos de nuestra existencia.

 

3. Tomar consciencia del amor de Jesús

El final del relato de hoy presenta una de las escenas más entrañables y poderosas de los evangelios. A Pedro, que en los días de la Pasión negó tres veces a Jesús, hoy este le pregunta también tres veces si lo ama.

En cada preguntas algo queda bien claro: el amor de Jesús por Pedro no ha mermado; se mantiene intacto, a pesar de las vacilaciones que este ha tenido con él. Es más: confirma a Pedro su deseo de confiarle el cuidado de sus ovejas; pese a su fragilidad, no deja de confiar en él.

Como consecuencia, desde aquí hasta su muerte, la fuerza que brotó de este encuentro mantuvo firme a Pedro para servir al Señor y serle fiel, incluso hasta dar la vida por Él.

De esto se trata también con nosotros: como a Pedro Jesús no deja de amarnos ni de confiar en nosotros a pesar de nuestras fragilidades. En las vacilaciones recordemos el amor que el Señor nos ha tenido. La fuerza de este amor nos impulsará a comprometernos y enamorados de su causa.

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro

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