Todos somos Colombia
Sofonías Rodríguez.

La elección de Gustavo Petro como Presidente de la República de Colombia, no sólo multiplica las expectativas entre quienes llevaron al candidato del Pacto Histórico a la primera magistratura del país, que preconizan el cambio, sino para los que votaron en contra, cuyo futuro consideran incierto y pesimista advirtiendo incluso que su administración no será como sus seguidores piensan.

¿Quién tendrá la razón? No se sabe... El tiempo será el juez permanente que se encargará de registrar lo que haga o deje de hacer el nuevo mandatario. La tarea es larga y muy difícil en un país que como el nuestro sigue desde hace más de veinte años en estado de crisis total, debilitado y perdido toda credibilidad en sus tres ramas del poder público: legislativo, ejecutivo y judicial.

 

"Tantas son las necesidades del pueblo colombiano, que para algunos en cuatro años mucho se puede hacer si se tiene la voluntad política”.

 

Lo primero que deberá proponerse el presidente Petro es cumpliendo lo que ha anunciado entre sus primeras gestiones: unir sin distingo de raza, credo político o religioso a los colombianos para construir la patria que todos queremos en donde se pueda convivir en sana paz, superando la vieja y detestable tendencia de aquel sectarismo enfermizo y malsano que caracterizó la violencia en los 40 y 50 que penosamente dejó muchísimas víctimas.

Desde el criterio ciudadano duele el estado lamentable en que se halla nuestro país porque hasta allí lo han llevado las últimas administraciones ante lo cual urge lo más pronto trabajar desde diferentes aspectos. Para esto el presidente deberá buscar asesoramientos serios que entreguen un diagnóstico claro en las diferentes dependencias, como base para enderezar el rumbo de nuestra amada Colombia.

Suena como muy oportuno que Gustavo Petro se haya referido entre otros puntos a revisar el manejo del T: LC. que tanto ha venido afectado a los agricultores colombianos con la importación de productos que aquí con gran calidad que aquí se cultivan y que en los dos últimos años ha puesto al borde la quiebra al agro por la falta de garantías en la comercialización y el altísimo costo de los insumos provenientes de otros países.

La educación en todos los niveles es también otra de las prioridades para que el nuevo presidente trabaje por los jóvenes que por falta de recursos no pueden ingresar a la universidad. En fin, tantas son las necesidades del pueblo colombiano, que para algunos en cuatro años mucho se puede hacer si se tiene la voluntad política.

Si su gestión desde un principio está dirigida a devolver la confianza del pueblo que por años ha estado huérfano de atención por parte del gobierno, con razón y corazón, podremos decir con orgullo patrio que: “Todos somos Colombia”.

Por: Sofonías Rodríguez M.

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