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Jueves, Enero 31, 2013 - 06:44

En líos por su cabello

Un  jovencito de último grado del Colegio San Francisco de Asís, de esta capital, está en líos con sus profesores y directivos porque llegó a clase pintado su pelo. De pronto, los rayitos que antes se mandaba a hacer en el salón de belleza se le regaron en toda la cabeza y el muchacho, como se dice popularmente, quedó ‘mono’.

Más allá de un ‘ve ese, qué loco’, dicho por alguna compañera, no hubo ninguna reacción por parte de sus compañeros de clase. El lío empezó a armarse cuando el profesor Andrés, el  temido director de disciplina, le dijo que le prohibía salir a recreo porque no podía permitir que los alumnos de los otros cursos lo vieran. Él sería un mal ejemplo para los demás.

Pero con lo que no contaba el docente directivo fue con la posición asumida por la clase. Todos se pusieron al lado de su compañero y en medio de todos salió a recreo.

Fuera de algunas miradas curiosas, en especial de las jovencitas, el joven no causó más impacto en el resto del colegio. Pero el ‘profe’ Andrés no estaba dispuesto a dejar pasar su orden por alto. Acompañado por la directora académica lo llamó para decirle que debía esperarse que todos salgan para sus casas para que luego, en un taxi que le pagarían ellos, se fuera a la suya, sin ser visto en especial por los padres de familia que suelen ir a recoger a sus hijos.

No aprenden la lección

A quien sí impactó la situación fue al muchachito, que precisamente el día anterior había cumplido sus dieciséis años y a quien seguramente no se le ocurrió mejor manera de celebrar su cumpleaños mandándose a teñir el pelo.

Pedro Bombo se averiguó bien el asunto y supo que los directivos del plantel le ofrecieron ‘perdonarle’ una semana de clases, con tal que se mandara a pintar su pelo con un color normal.

Lo que no sé es si el jovencito se va a rendir ante esa presión y si sus padres van a dar la pelea o no. Lo que sí sé es que en caso de entablarse una tutela, como ya ha ocurrido en otros planteles educativos por casos similares, los del San Francisco de Asís la tienen perdida. Tendrían, por orden judicial, dejar que el muchacho vaya con su pelo como quiera ir, porque eso se ajusta a lo del desarrollo de la libre personalidad, que tanto defiende la Constitución.

Si no me creen, péguenle una llamadita al padre Víctor Arciniegas, rector del Seminario de Sibundoy, Putumayo y él le contará cómo perdió su caso con un alumno que no quiso cortarse su pelo que lo tenía por los hombros. Hay que coger experiencia en cabeza ajena. No sean tercos.

La cancha como cantina

Algunos de los jóvenes toman trago que pululan por el barrio Obrero, en especial los fines de semana, no han encontrado mejor sitio para darle rienda a su vicio que la cancha del sector.

Allí se instalan con sus botellas y para amenizar la tomadera llevan hasta grabadoras que las ponen a todo volumen para escuchar temas con los que recuerdan, por ejemplo, que  “nadie es eterno en el mundo”.

Ese lugar, que sólo debe ser utilizado para el deporte y la sana recreación, es aprovechado  de esa manera para el vicio del trago, que generalmente lo completan con el consumo de alucinógenos.

Pero más llama la atención que a pesar de estar pegado al CAI, uno de cuyos costados le sirve de cierre a la cancha, los agentes allí apostados los dejen estar todo el rato que quieran, incluso la noche entera, pues allí amanecen tomando.

Vamos a ver qué dice su comandante después de que lea esta queja que fue transmitida por algunos habitantes a esta columna. Si no hay medidas que impidan que estos viciosos sigan usando la cancha como cantina, entonces tendremos que pensar que al comandante también le parece muy bien el asunto.

 

 

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