Con Alejandro Gaviria en la Presidencia el país no improvisa, aterriza: Miriam Martínez

Miriam Martínez y Alejandro Gaviria.

La ingeniera Miriam Martínez, exfuncionaria destacada en Pasto y en Bogotá, y hasta hace poco gestora social de Ipiales, se refirió a la actual situación política que vive el país, a nueve meses para la realización de las elecciones presidenciales, en un ambiente que calificó como de crisis profunda.

Las siguientes fueron sus declaraciones:

¿Cómo ve la coyuntura política en el país?

Lo que hasta hace poco se veía tan confuso, se ha venido despejando. El presidente Duque nunca fue ni ha sido un líder sólido, ni mucho menos un líder para enfrentar tempestades. La crisis que se vive hoy en Colombia es profunda y antigua, y su dirigencia siempre ha estado por debajo de las expectativas y las necesidades. Esta, considerada una de las democracias más consolidadas del continente, fue construida sobre una especie de pozo séptico de privilegios, discriminación, violencia, y corrupción, pero como todo tiene un límite, la sociedad colombiana se ha ido acercando a un momento tal que probablemente estemos frente a un punto de inflexión muy interesante para la historia y el progreso del país.

 

Pero las noticias diarias son desalentadoras y no parecen coincidir con su optimismo…

Son dos caras de la misma moneda. Este gobierno, conducido por Uribe y sus aliados a través de la obsecuencia de un yuppie sin experiencia como Duque, ha sido un verdadero desastre prácticamente en todo lo que ha hecho hasta ahora, convirtiéndose en un símbolo triste de ineptitud y malas prácticas. Es como si el papel que le hubiese adjudicado la historia a este gobierno fuera el de ser “la gota que rebosa la copa”, servir como factor desencadenante de la conciencia crítica ciudadana; que es, a su vez, la parte positiva del proceso... Las crisis llevan a la reflexión, y estas al cambio. Es un fenómeno que funciona en lo personal y lo colectivo.

 

¿Así es de grave?

Sí. Grave y a la vez positivo. El uribismo con su gobierno y su partido se han equivocado en los últimos años casi que por oficio. La mayoría de las veces deliberadamente, pero incluso cuando han querido hacer algo bien tampoco les han funcionado las cosas. Eso es debido a que su naturaleza mezquina y su visión retardataria del mundo son cargas muy pesadas de arrastrar. La protesta ciudadana se mostró, todos lo recordamos, muy dinámica tiempo antes de la pandemia, evidenciando la llegada de una nueva fase del descontento popular. Y justo en medio de la tragedia universal del Covid se les ocurre la presentación de una reforma tributaria perversa y desconsiderada que favorecía a los grandes conglomerados empresariales y a los más ricos. Pero incluso desde antes, la lista de torpezas venía sumando puntos en contra: la elección de un corrupto violador de derechos humanos como Alejandro Ordóñez en un organismo internacional como la OEA fue una de las primeras; el nombramiento de la hija de la exministra Alicia Arango en la Junta del Banco de la República en contra de la independencia constitucional del organismo, que se remató hace poco con el nombramiento del caído exministro Carrasquilla; o el acaparamiento de los organismos de control y de la Fiscalía en cabeza de declarados amigos del Presidente responsables de investigar los casos de corrupción más escandalosos de que se haya tenido noticia. No se puede olvidar tampoco el manejo odiosamente mediático y ridículo que hizo Duque de la pandemia; el desprecio por la paz y por la justicia transicional por cuenta de la rencilla de Uribe con Santos y el miedo al esclarecimiento de la verdad; el apoyo al glifosato y al fracking; el desprestigio internacional por la violencia desatada por la policía contra los jóvenes de las protestas al mismo tiempo que se publicaban en las redes las fotos de las campaña uribistas en la que se los veía acompañados de personajes de dudosa reputación y de gente comprometida con graves delitos vinculados al narcotráfico; en fin, la doctora Abudinen y sus 70.000 millones… Pero todo esto, por catastrófico que parezca (y tal vez lo sea), no es el fin del mundo. Es el quiebre para empezar de nuevo, aunque quizá empezar no sea la palabra adecuada. Es un momento para retomar la marcha por otro camino, con las heridas que dejan los errores, pero con la experiencia y la fortaleza de haber aprendido la lección.

 

Hablemos un poquito de política electoral. Los últimos acontecimientos parecen haberle dado una patada al tablero político… el ambiente no da mucho espacio para las predicciones. ¿O sí?

Era así hasta hace poco. Y no es que haya ganadores seguros hoy, pero las cosas se van aclarando. A no ser que los análisis y las encuestas se hayan vuelto locos, lo que se vienen son cambios significativos en el rumbo político del país. Veo por ejemplo al uribismo muy a la baja, sin candidatos prominentes y con el propio Uribe dando tumbos y sin la posibilidad de encabezar lista al Senado. Con líos judiciales que lo persiguen, toma caminos desesperados: habla con el padre de Roux y le propone amnistías imposibles que saca del cubilete y hasta sale a vender keratina con una muchacha de esas avispadas que se ha hecho famosa en las redes por sus curiosidades y los escándalos que protagoniza. La ruina.

 

¿Cómo ve a la cantidad de aspirantes que han surgido en pos de la Presidencia?

En los otros frentes hay ciertamente muchos candidatos, pero pocos con probabilidades de llegar. Los conservadores, tan dados a esperar para subirse en el camino al poder, parece que esta vez van a tener que conseguir candidato propio a la espera de los apoyos uribistas. Los liberales clásicos y los maquillados como la U y Cambio Radical tienen mermados sus liderazgos, han sufrido bajas sensibles en sus filas y muy probablemente se achiquen en su representación parlamentaria que quedará muy seguramente en las toldas nuevas.

 

Y qué tiene que decir de esas toldas nuevas, que no son tan nuevas… De Petro, por ejemplo, ¿cómo lo ve?

Hay candidatos como Petro que marcan bien en las encuestas y empezaron la campaña con tiempo. Diría yo, con mucho tiempo, porque bien se dice por ahí que en la política como en las carreras de bicicleta los que salen de primeros casi nunca llegan en ese puesto. Petro ha recogido buena parte del descontento popular, sin duda, pero en el esfuerzo ha creado un halo de desconfianza sobre los destinos del país en sus manos. Él lo sabe, y para tapar el hueco ha llegado a decir que no es de izquierda, esperando que le crean algunos votantes nuevos. No la tiene fácil.

 

Y ¿cómo ve las opciones de los candidatos de centro izquierda?

Bueno, todavía falta mucho por resolver ahí. Hay varias consultas en camino y el abanico de candidatos es amplio. Siguiendo la larga tradición de la izquierda se me hace que los caminos para elegir candidatos se han vuelto tortuosos y laberínticos y confusos para el ciudadano. Por una parte están los verdes y por la otra la Coalición de la Esperanza, ambos con un grupo numeroso de aspirantes, muy respetables todos. En esos partidos faltan definiciones, pero ya se ven fisuras. Los verdes avanzan muy divididos entre independientes y petristas: con ganas, sí, pero sin claridad. Programáticamente hablando se perciben buenas intenciones, tienen posiciones interesantes, pero les falta el pegante que les prohíje la virtud de la coherencia. Ojalá tomen decisiones pronto para que hagan valer su bien ganada presencia política.

 

Su opinión sobre la Coalición de la Esperanza…

La Coalición de la Esperanza está jugando sus cartas. Los candidatos, cada uno con su partido, saben que dependen de la unidad, pero no la buscan. Los enredos de adentro les quitan energía para lo de afuera. Veo muy en solitario a Robledo y con pocas posibilidades a Cristo y a de La Calle. Los hermanos Galán levantaron columnas otra vez con el movimiento político de su padre y, si no estoy mal, en franco acercamiento con el profesor Alejandro Gaviria lo mismo que Antanas Mockus, que, si bien dijo que no pero que sí, en entrevista reciente no ahorró piropos para el exrector de los Andes. Y está Fajardo, siempre tan dubitativo que, si bien tiene muchos seguidores, no es fácil cogerle el ladito. Esa falta de claridad es fatal en procesos tan complejos y reñidos como los que se avecinan. Si a eso se le suman las absurdas decisiones que en su contra tomó hace unos días la Contraloría, las cosas no se ven bien para él.

 

En ese orden de ideas, ¿entonces quién?

Las próximas elecciones no son de trámite. Lo que está en juego es muy serio: o seguimos en este escenario bipolar de nunca acabar o tomamos un rumbo que nos permita avanzar hacia adelante. La disyuntiva radica entre continuar con el modelo uribista, gregario, amante de la guerra, dañino para la democracia, claramente plutocrático y vinculado con gravísimos temas de corrupción, o tomamos el toro por los cuernos y emprendemos de nuevo el camino de la democracia, la enderezamos, recuperamos la independencia de los poderes, hacemos valer las conquistas de la Constitución del 91 y llevamos hasta el final el proceso de paz fortaleciendo la justicia transicional y restaurativa. El progreso de Colombia pasa por la construcción de una democracia amplia, no excluyente, una capaz de acabar con la discriminación y la pobreza y que tenga la fortaleza de privilegiar la vida y el medio ambiente por encima de los intereses particulares.

 

Y ¿a quién tiene usted en mente para semejante tarea?

Mi candidato definitivamente es Alejandro Gaviria. No puedo decir que soy su amiga, y no lo tendría como mi candidato por esa razón; tuve la fortuna de conocerlo y trabajar con él por allá en 2014 cuando era director de Planeación Nacional y yo me desempeñaba como asesora del despacho de la ministra del Medio Ambiente. Luego asistí a un par de conferencias suyas en la Universidad de Los Andes cuando yo realizaba algunos estudios allí. En alguna oportunidad, desde el público, le lancé una pregunta sobre un tema que me ha apasionado siempre relacionado con la arquitectura urbana con enfoque de género, y su respuesta me dejó una impronta muy positiva (nadie vislumbraba que llegaría a ser candidato presidencial) en el sentido de que se trata de una persona dedicada al estudio y la investigación, muy conocedora de los temas, comprometida con la solución de problemas, sensible e inteligente, al que le cabe el país en la cabeza. Dudo mucho que me recuerde, y, a decir verdad, para el caso no importa.

Mi opinión es que con Gaviria en la Presidencia el país no improvisa, aterriza. No es un fanático, ni un politiquero, ni un promesero, tampoco es un político profesional, es un hombre decente dedicado a encontrarle soluciones de fondo a los problemas. No espero nada en lo particular de su gobierno, solo quisiera ver a Colombia dar pasos importantes en la dirección correcta, en lo social, económico y en lo político. Alcanzar la paz de Colombia no es solo un logro local, es una esperanza para toda la humanidad (y así lo ven desde afuera), y las disputas internas, el odio y la politiquería nos están robando esa posibilidad.

Yo sé que queda mucho camino por delante, pero me inspiro en lo que bien dijo el líder chino hace años, “para caminar un millón de leguas hay que dar el primer paso”.

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