cambio

Si no cambiamos de actitud frente a la naturaleza, el fin de siglo sería un escenario desierto, con la urgencia de resolver nuevas carencias a unos costos desmesurados. Las grandes potencias estarían vendiendo bonos de oxigeno para poder respirar; el agua alcanzaría unos costos por encima del petróleo; las ciudades sería el hábitat de los neo esclavos que solo descansan para reponer energías para el trabajo del día siguiente y sin tiempo para el disfrute o para acariciar a una mascota.