Así es el título de uno de los libros del escritor italiano Umberto Eco y que he tenido a bien apropiarme. En más de una ocasión he manifestado mi inmensa gratitud por los libros por las horas de felicidad que me han deparado esas herramientas generosas que nos nutren de conocimiento y de imaginación. Podemos decir que quienes optamos por la complicidad de los libros nos damos cuenta que un libro acaba con la miseria de la vida.